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sábado, 4 de agosto de 2012

La Preparacion para servir: Parte II


 
SALVADOS
PARA SERVIR
Philip Hacking
Philip Hacking es el pastor de Christ Church, Fulwood, Sheffield. Después de ser presidente de la SUM Fellowship por espacio de diez años, ahora preside el Keswick Convention Council. Su primer libro, The Spirit is Among Us, acaba de ser publicado.
En la “Gran Comisión”, Jesús nos lanza el reto supremo del servicio cristiano:
“Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”
Mateo 28:18–20
Aquí la historia de Jesús se funde con la historia de la iglesia. La atrevida llamada a los once discípulos es verdaderamente alucinante cuando uno piensa en sus implicaciones. Pero es que ninguna otra cosa podría estar a la altura de la audaz pretensión de Jesús, quien dijo tener la autoridad final en el cielo y en la tierra, lo cual incluye el dominio sobre el mundo.
Este final triunfante del evangelio sirve de contrapeso a la introducción de Mateo en la que se cuenta la historia de los tres sabios que se postran a los pies del niño Jesús. Ese notable evento simboliza el mundo bajo la autoridad de Cristo. Ahora él llama a sus seguidores a convertir ese símbolo en una realidad en todo el mundo. De modo que el evangelio acaba con esta llamada de duración indefinida y nosotros todavía estamos viviendo a la luz de la misma.
Anteriormente los discípulos habían sido enviados exclusivamente “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (10:6). Nunca volveremos atrás a ese tipo de exclusivismo, y sin duda el gozo del evangelio es que ya no es para una sola raza o pueblo, pero sirve como recordatorio de que el mundo comienza en casa. Así que en Hechos 1:8 Jesús insiste que los discípulos llenos del Espíritu comiencen su testimonio en Jerusalén. Cada cristiano debería valorar la realidad de su compromiso con Jesús en función del deseo que tiene de ser un testigo en el contexto de su casa. La caridad siempre empieza en el hogar, pero si se acaba ahí desde luego no es de Dios. Jesús exige ser Señor no solamente de nombre sino en verdad. Si él es nuestro Señor, entonces nosotros nunca podemos guardarnos para nosotros una noticia tan revolucionaria.
RECONOCER A JESÚS COMO SEÑOR
La misión más grande en la historia del mundo comienza para estos discípulos con una genuflexión simbólica. Todo ocurre en Galilea, en una situación fronteriza, considerada siempre casi como una tierra de nadie entre el genuino Israel y el mundo gentil (ver Isaías 9:1ss). Los cristianos siempre deberían ser los que viven en la frontera, tanto geográfica como socialmente. Nunca se nos llama a vivir en una especie de gueto espiritual, a pesar de que necesitamos desesperadamente acudir a la comunión de nuestras congregaciones para recibir la fortaleza para salir al mundo. Pero las puertas de esas iglesias deberían estar abiertas. Somos llamados a vivir en el punto de contacto entre la iglesia y el mundo.
Pero Galilea no era sólo una situación fronteriza; también era un lugar de obediencia. Jesús les había dicho que le esperaran allí (versículo 10) y un cristiano siempre encontrará que el lugar de la próxima llamada se produce en aquel punto en el que fue obediente a la última llamada recibida. La dirección y la obediencia cristianas siempre son una cuestión de ir paso a paso. Ellos fueron a Galilea sin saber cuál iba a ser el siguiente paso, igual que le ocurrió a Abraham en Génesis 12, cuando dio un paso de fe sin saber a dónde iba. Siempre vamos con las instrucciones en sobre cerrado y nunca vemos desarrollado delante de nosotros el diseño completo de nuestra vida futura. Andamos por fe y no por vista.
En ese lugar de obediencia se nos dice con toda sinceridad que algunos tenían dudas. A menudo sucede que al ir con fe y con un cierto residuo de duda descubrimos de verdad lo real que es Dios, y así nuestras dudas comienzan a disiparse. A estos hombres les llevó un cierto tiempo el que la evidencia del Señor resucitado se convirtiera en una fuerte convicción. La mayoría de nosotros, a lo largo de nuestro peregrinaje cristiano, repetirá el grito de aquel padre del que hablan los evangelios: “Señor, creo; ¡ayuda mi incredulidad!”.
Pero aunque algunos dudaran, el elemento principal de este encuentro fue una rodilla doblada en adoración. Para los discípulos fue un momento nuevo con su Señor recién resucitado. Vivimos en unos tiempos en los que la adoración ha sido resucitada con todo su gozo e importancia. Pero siempre acecha el peligro de la adoración vacía y las palabras sin sentido. Adorar a Dios es decirle que es digno, y en ese acto mismo de doblar nuestras rodillas nos estamos dedicando a él para salir a servirle.
Junto a la rodilla doblada va el oído abierto. La adoración alcanza su culminación cuando aprendemos cosas nuevas, de modo que podamos adorar más. La enseñanza se encuentra en el corazón de la actividad de la iglesia y con demasiada frecuencia escasea. Casi existe la sensación de que aprender demasiado podría estropear nuestra relación con el Señor y hacer que nuestro amor menguara. Pero para el cristiano la felicidad no está en la ignorancia. Estos discípulos, antes de ser encomendados, fueron enseñados nuevamente.
Durante los cuarenta días con el Señor resucitado se les habían recordado las grandes verdades de la Escritura y se les había dado la enseñanza que actualmente está preservada en el Nuevo Testamento. La nueva verdad que estaban aprendiendo allí era la autoridad de Jesús en todo el mundo, que se extendía hasta la eternidad. Aprender una verdad así es estar comprometido con su proclamación. En el Nuevo Testamento, las iglesias más animadas eran siempre las iglesias que estaban bien instruidas.
En cierto sentido las pretensiones de nuestro Señor en este pasaje solamente son posibles gracias a que él ha pasado por el Calvario. Jesús sabía que el mundo no podía ganarse mediante ningún atajo. Esta era la batalla que él libró con Satanás en el desierto. La conciencia de la grandeza del amor de Dios en la autoentrega de Jesús es la motivación constante para el servicio y el sacrificio cristianos. La Escritura llama a Satanás “el príncipe de este mundo”. Nuestra tarea consiste en arrancarle este mundo de sus garras, confiados en que Jesús ya ha obtenido la victoria. Satanás no tiene porqué mantener el control, pero la batalla es real. Satanás cuenta con sus misioneros y nosotros no servimos en medio de un vacío, sino en medio de un conflicto cósmico.
Convencidos de la verdad de la autoridad de nuestro Señor le obedeceremos con alegría. Esta obediencia dará como resultado que nuestras vidas cambien de dirección y cambien también cualitativamente. Ya no buscamos descubrir nunca más lo que nos gustaría hacer con nuestras vidas. No buscamos nuestra propia realización, sino que estamos siempre a su disposición, ya que él es el Señor y tiene autoridad sobre nosotros. Así que el discípulo cristiano tiene la responsabilidad de proclamar el señorío de Jesús a otros y de pedir la adhesión de otros. Debemos cuidarnos de un tipo de autoritarismo equivocado que no proviene del Espíritu de Jesús, pero igualmente debemos guardarnos de que, llevados por un deseo de que se vea que amamos, no vayamos a perder todo sentido de autoridad en nuestro mensaje. Nunca debemos sentirnos avergonzados de proclamar que Jesús es el Señor.
OBEDECER A JESÚS COMO SEÑOR
Las palabras de la Escritura que parecen más insignificantes son a menudo las más importantes. Jesús inicia su mandato con la palabra de conexión “por tanto”. A la luz de su autoridad y de la adoración de los discípulos, el llamado es a ir, a traer y a edificar. La manera en que vivimos depende de lo que creemos, y cuanto más creemos, mayor es el reto a comportarnos en consecuencia. ¡La lectura regular de la Biblia es una ocupación peligrosa porque Dios tiene la costumbre de hablar claramente a través de ella! Cada uno de nosotros debe estar prestándole atención a ese “por tanto”.
En primer lugar, es un llamamiento de Jesús a salir. En la vida cristiana existe un hermoso ritmo entre el ir y el venir. Resulta crucial que vengamos al lugar de quietud para orar y al lugar de comunión para adorar, pero si nos quedamos allí es peligroso.
En Lucas 10:25–37, la historia del Buen Samaritano sirve para desafiar a un abogado a quien le encantaba discutir sobre lo que había que hacer: “Vé y haz tú lo mismo”. Pero en los versículos 38–42 también encontramos la encantadora actuación de Marta, María y Jesús, quien reta a la hiperactiva Marta a dejar de estar tan ocupada y a empezar a tomarse tiempo para escuchar. Algunos que están muy activos en el ir puede que necesiten parar y entrar en la presencia de Dios.
Pero igualmente algunos de nosotros escondemos nuestro fracaso a la hora de obedecer bajo un manto de religiosidad. Estamos muy ocupados en la adoración y la comunión. Algunos grupos se excusan a sí mismos de la evangelización porque están demasiado ocupados conociéndose los unos a los otros en una comunión más íntima. El reto del Señor de ir viene acompañado de una meta muy clara, que no es otra que alcanzar a todas las naciones. Jesús murió por todos, y por lo tanto ningún objetivo menor que ése le hará justicia.
En el acto de ir está implícito un sacrificio inevitable. Al igual que Abraham en el Antiguo Testamento, a menudo nosotros somos más conscientes de lo que estamos dejando atrás que de lo que nos aguarda en el lugar al que vamos. Puede tratarse de dejar atrás una ciudad o un país que conocemos y amamos y cambiarlos por unos lugares extraños. Puede ser dejar la seguridad de un trabajo en el que tenemos nuestro puesto asegurado para asumir un servicio en el que el futuro es desconocido y la provisión incierta.
Hay otro reto en el hecho de que no sólo debemos ir, sino también traer. Jesús no envía a sus discípulos para que sean únicamente sal y luz, aunque ese es un llamado muy digno y santo. No seremos muy efectivos a la hora de traer gente al reino si nuestras vidas no reflejan algo del amor y la pureza de Jesús. Pero nuestro Señor está pensando en términos de dominio mundial. No prevé que los cristianos sean una noble influencia a favor del bien. No está por una especie de sincretismo en el que todas las religiones estén diciendo lo mismo con voces distintas. Él prevé que la iglesia crezca tanto numérica como espiritualmente. El llamado es a hacer discípulos. Esto significa más que hacer convertidos, aunque ese es el principio. Los que se vuelven a Cristo se convertirán entonces en discípulos y serán edificados en la fe de Cristo. Después, a su vez, saldrán a servirle y así el proceso multiplicador continuará.
Hacer discípulos es un llamado a algo más que a preocuparse por las necesidades materiales y físicas de la gente. La Biblia es categórica al afirmar que no podemos predicarles a quienes necesitan desesperadamente ayuda física o social sin preocuparnos por esas necesidades. El apóstol Santiago escribe algunas palabras muy directas en ese sentido. Pero nunca debemos contentarnos con ayudar a los hombres y a las mujeres a encontrar esperanza en este mundo. No sólo de pan vive el hombre, y la iglesia no debe avergonzarse de proclamarlo, incluso si es incomprendida durante el proceso. El mismo Señor atendió a la gente y ministró a sus necesidades más inmediatas, pero sus milagros de sanidad siempre eran señales de algo más profundo.
El buen servicio misionero cristiano siempre mantendrá juntas las necesidades físicas y las espirituales. En una época de horrendas crisis, en que millones de personas mueren de hambre, resulta tentador descuidar casi por completo la creación de Institutos Bíblicos para instruir a los líderes cristianos o proveerles con literatura cristiana para fortalecerles en la fe. Pero debemos insistir en que la mayordomía cristiana siempre buscará mantener el equilibrio. La llamada de Jesús no fue principalmente una llamada a alimentar a los hambrientos, sino a hacer discípulos.
Necesitamos proclamar el amor afectuoso de nuestro Padre Creador, el sacrificio voluntario del Hijo Salvador y el poder habilitador del Espíritu Santo en la vida del individuo y en la comunión de la iglesia. El nuevo creyente llega a formar parte de esa comunidad con esos recursos. Desde el principio los cristianos fueron llamados a una comunidad de creyentes. Aquellos que salen al servicio misionero lo hacen desde sus congregaciones con la seguridad de contar con las oraciones de esa comunidad, y su mayor deseo es servir o ayudar a crear comunidades semejantes dentro del conjunto general de la iglesia de Jesucristo.
La comisión de nuestro Señor no acaba con el reto de hacer discípulos y bautizar. Él les insta a desarrollar un ministerio de enseñanza basado en las palabras del propio Jesús. Así, cuando a la iglesia de Antioquía había llegado una nueva vida a través del testimonio dinámico de cristianos anónimos, Bernabé y Saulo pasaron un año entero enseñando a la iglesia y edificando a los creyentes en la fe, de modo que pudieran mantenerse y expandirse. Pablo siempre hizo hincapié en la necesidad de contar con una iglesia bien edificada. En su larga discusión acerca de los dones del Espíritu en 1ª Corintios 12 y 14, les recuerda una y otra vez, de una manera casi monótona, que el mayor de todos los dones es edificar la iglesia. Bien podría ser la necesidad más apremiante de la iglesia mundial.
Dado que Satanás tiene a sus adláteres enseñando falsas doctrinas, resulta fundamental que los cristianos tengan un sólido conocimiento de la Escritura y estén profundamente arraigados en la fe. Siempre hay que darle la máxima prioridad a la calidad de la enseñanza en nuestras iglesias y al ministerio entre los niños y los jóvenes. Allá donde hay hambre de la Palabra de Dios es incluso más desastroso que en los lugares donde hay hambre de pan. No resulta fácil transmitir la urgente necesidad de la gente que muere espiritualmente, pero el mensaje tiene que llegar a su destino. Jesús anhelaba que a los jóvenes cristianos se les enseñara e instruyera. Esa clase de inversión es una inversión a largo plazo que finalmente dará como resultado un testimonio más fuerte y rico en el mundo.
CONOCER A JESÚS COMO SEÑOR
Enfrentarse a la gran comisión es la mayor lección de humildad del mundo. Nadie puede ni siquiera empezar a hacerle frente con sus propias fuerzas. Era casi ridículo imaginar que estos primeros discípulos pudieran tan sólo comenzar a poner el mundo patas arriba, pero lo cierto es que lo hicieron. Pero debemos reconocer en primer lugar la total incapacidad de nuestros propios recursos.
A lo largo de la Escritura este es el modelo que encontramos. A Moisés le aterroriza la perspectiva de dirigir a su pueblo en la salida de Egipto cuando se ha visto humillado por la experiencia de toda una vida, y es entonces cuando se le recuerda que Dios es el gran YO SOY. Josué, a semejanza de Moisés, se siente completamente incapaz de seguir tras los pasos de un gran hombre como él, pero se le promete la presencia de Dios.
Al final de la narración del evangelio, los discípulos, apiñados en el aposento alto por temor a los judíos, escuchan el desafío de que van a ser enviados de la misma manera que el Padre envió a Jesús, pero que eso sólo iba a ser posible cuando Jesús hubiera soplado sobre ellos y hubieran recibido el Espíritu Santo.
Siempre resulta fundamental mantener el equilibrio entre las dos grandes verdades de nuestra incapacidad y su capacidad. En Juan 15:5 se nos recuerda que sin Cristo nada podemos hacer, y en Filipenses 4:13 que en Cristo podemos hacerlo todo. Así que el cristiano siempre vivirá en la tensión entre el temor y la confianza. Hay temor debido a la conciencia de la inmensidad de la tarea y lo inadecuado de nuestros recursos, y confianza por cuanto sabemos que nuestro Dios es poderoso.
Así que en estos versículos nuestro Señor hace esta promesa, que termina el evangelio de una forma tan triunfante y cuyo eco se escucha a través de los siglos mediante el testimonio de los santos: “Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Esta promesa sólo pueden reclamarla para sí aquellos que obedecen. En los términos sencillos en que se expresa la Escritura no se puede tener el “he aquí” sin el “id”. No hay ningún indicio de una promesa fácil de la presencia de nuestro Señor si nos sentamos en nuestros sillones espirituales observando el mundo y discutiendo los asuntos. Desde luego no hay conciencia alguna de su presencia si desobedecemos sus mandamientos. Pero si nos arriesgamos por fe, tanto si se trata de salir a servirle, de atrevernos a testificar o de comenzar una nueva carrera confiadamente, podemos reclamar la promesa.
Jesús promete estar con ellos “hasta el fin del mundo”. Los cristianos deben tener siempre en cuenta la seguridad de que Jesús regresará, y recordar el solemne reto de alcanzar a la gente mientras todavía hay tiempo. En Mateo 24, nuestro Señor habla extensamente acerca de la seguridad de su retorno y de que éste se producirá cuando el evangelio sea predicado por todo el mundo (Mateo 24:14). Por tanto, los cristianos deberán implicarse siempre en la evangelización mundial a la luz de ese día en que Cristo volverá. Mateo 24 está repleto de advertencias sobre el peligro de no velar y no ser fieles. Es una llamada a cada siervo cristiano para que viva a la luz del inminente regreso de nuestro Señor. Frecuentemente ese sentido de urgencia se ha perdido.
Dado que la hora podría estar acercándose a la medianoche, debemos, una vez más, tomarnos seriamente esta comisión y el señorío de Jesús. No hay tiempo que perder.
PARTE II:
Qué esperar
y cómo hacerle frente
4
¿POR QUÉ
SON DISTINTAS
LAS CULTURAS?
David Burnett
Después de haber trabajado como profesor del Hindustan Bible Institute de Madrás, India, David Burnett es en la actualidad director del Missionary Orientation Centre, un ministerio de WEC International donde se forma personal para la comunicación transcultural. Viaja mucho, tanto para participar en alguna investigación como para enseñar en proyectos misioneros. Entre las visitas más recientes se incluyen países como Corea, Ghana y Japón. Es miembro del Royal Anthropological Institute.
Era el típico día soleado y caluroso de Madrás. El pequeño taxi corría a través de sus calles para llevarme a la iglesia en la que tenía que hablar. Conmigo estaban mi esposa y mi hija de un año. Era complicado salir del taxi con mi hija en un brazo y mi Biblia en la otra mano. Rápidamente llevé la mano al bolsillo de mi camisa para darle al conductor las rupias necesarias. Al darle el dinero vi en su rostro una expresión de disgusto. Entonces me di cuenta de lo que había hecho – le había dado el dinero con mi mano izquierda. No pude hacer otra cosa que pedir disculpas mientras el taxista sonreía mostrando su comprensión hacia aquel extranjero. Casi podía escuchar lo que estaría pensando: “¿Por qué son tan raros los extranjeros?” .
Cualquier que haya trabajado durante algún tiempo en otro país podría compartir historias como esta. Ilustran algunos de los problemas prácticos de tener que relacionarse con gente de otro país. Para entender el problema básico es necesario clarificar primero el significado de la palabra “cultura”.
“Cultura” es una palabra familiar en español. El uso popular de la misma se refiere a la buena música, al arte, al comportamiento refinado y a la forma correcta de hablar. Se suele decir de la gente que carece de este tipo de refinamientos es “inculta”. Para el sociólogo, estas actividades son simplemente elementos que se encuentran dentro de la totalidad de la cultura; “cultura” es la manera global de vivir que tiene una sociedad. No existen
“LE DI EL DINERO CON LA MANO IZQUIERDA”
sociedades o individuos incultos. Cada sociedad tiene una cultura, por extrañamente distinta que pueda parecerle a alguna persona perteneciente a otra sociedad. Cuando uno va a trabajar a otro país pronto se da cuenta de las diferencias que existen, y es necesario aprender cómo trabajar dentro del contexto de esa cultura. Sin duda que eso provocará tensiones en mayor o menor medida, pero puede resultar una de las experiencias más enriquecedoras en la vida de una persona. Generalmente hablando la cultura tiene seis aspectos.
1. La cultura es algo compartido
La cultura es compartida por un grupo de personas. Si sólo hay una persona que piense o actúe de una determinada manera, ese pensamiento o esa conducta representan un hábito personal, pero no un modelo cultural. Para que algo sea considerado cultural debe ser compartido por un grupo de individuos. Por ejemplo, un inglés comparte ciertos valores, creencias y pautas de conducta con otros ingleses. Estas costumbres compartidas les permiten predecir, hasta cierto punto, lo que puede ocurrir en su sociedad y cómo deberían relacionarse con el resto de personas que forman el grupo. Al hacerlo, le proporciona al individuo un sentido de familiaridad con la gente y de identificación con ese grupo. Son las costumbres compartidas por una sociedad lo que constituye nuestra principal preocupación, y a lo que se da en llamar “cultura”.
2. La cultura consta de una serie de costumbres
La cultura se parece mucho a las capas de una cebolla. Cuando uno pela una capa ve que hay otra capa más profunda. Al principio uno se da cuenta de los aspectos externos de la cultura de un pueblo, pero con el tiempo aprende a percibir los aspectos más profundos de su manera de vivir. Las capas exteriores de la cultura que suelen captar nuestra atención en primer lugar son cosas como la manera de vestir de la gente, la comida que toman, las casas en las que viven y la forma que tienen de hablar.
Tomemos como ejemplo las maneras en que la gente se saluda. Dos ingleses, al encontrarse, se darían la mano derecha y la estrecharían. En Italia, los dos hombres se darían un abrazo y se besarían en la mejilla. En la India cada uno junta sus manos y las eleva hacia su frente con una ligera inclinación de la cabeza. Los japoneses intercambiarían tarjetas de visita y harían una reverencia de cintura para arriba. Todos estos son modelos de comportamiento distintos, pero cada uno transmite un significado similar para el grupo de personas en cuestión.
En muchas sociedades es habitual que la gente se siente en esteras –¡lo que puede ser una auténtica prueba física para aquellos de nosotros que estamos acostumbrados a sentarnos en sillas! Luego está la cuestión de la comida. Los europeos dan por sentado que cuando se sientan a la mesa para comer se les proporcionará un cuchillo y un tenedor. Sin embargo hay millones de personas a quienes el cuchillo y el tenedor les resultan tan extraños e incómodos como a nosotros los palillos. Algunos comen con su mano derecha, lo que nos parece extraño a quienes se nos ha enseñado a no tocar la comida, a menos que se trate de un sándwich.
Los exportadores británicos se están dando cuenta de estos y otros factores culturales en sus tratos comerciales con el extranjero. “Ir directamente al grano” puede parecer un método efectivo en los países europeos y en Norteamérica, pero en otras zonas del mundo puede resultar grosero y de mal gusto. Uno debe saludar a la otra persona adecuadamente y preguntar sobre el estado de salud de su familia antes de discutir sobre negocios.
La etiqueta puede ser fuente de muchos errores culturales. Por ejemplo, a los japoneses a menudo les horroriza que los europeos se suenen la nariz haciendo tanto ruido. En la sociedad nipona no se considera de buena educación. Un inglés pondría a su mujer en un compromiso si después de comerse un buen trozo de su pastel de manzana favorito eructara. Sin embargo, en gran parte de China se considera que un sonoro eructo es una forma educada de decir “¡Estaba verdaderamente delicioso!”
3. La cultura consta de un idioma
La lengua es un aspecto importante de cualquier cultura, ya que le permite a la gente comunicarse entre sí. Así pues, aprender un idioma es una parte importante de ser capaz de relacionarse con las personas de una cultura determinada. No obstante, aprender un idioma no es sólo una cuestión de encontrar el equivalente local a una expresión española concreta. Todos los idiomas tienen sus modismos y expresiones que transmiten un significado específico. Un inglés le dijo a un hindú que estaba visitando su país: “Le recogeré a las seis en punto”. El turista se quedó desconcertado, preguntándose por qué aquel hombre quería recogerle del suelo, y sobre todo por qué quería hacerlo a las seis en punto de la tarde.
Los modismos relacionados con la cultura a menudo conducen a malos entendidos. Elías estaba conduciendo por Nairobi cuando le hizo un pequeño bollo a otro coche en un aparcamiento. Buscó al propietario del otro vehículo y pidió que llamaran a su esposa para explicarle el motivo de su retraso. Cuando llegó a casa, más o menos una hora después, se encontró a su esposa llorando su muerte. El mensaje que le habían dado por teléfono era que Elías se había visto implicado en un accidente de coche. Inmediatamente ella preguntó: “¿Está ahí?”, a lo cual le respondieron que no. Su mente estaba en un estado de aturdimiento tal que no escuchó nada más. Aunque hablaba en inglés, pensaba en kikuyu. “¿Está ahí?” significaba “¿está vivo?”. La respuesta pretendía confirmarle que su marido no estaba allí pero que ya se encontraba de camino hacia su casa. Sin embargo ella interpretó: “No, no está vivo”. Se sentía demasiado desbordada para asimilar nada más.
Si la comunicación de un hecho aparentemente tan sencillo como es un pequeño accidente que causa un ligero retraso estaba tan expuesto a ser malinterpretado, debemos ser conscientes de otros peligros aún mayores de mala comunicación que pueden producirse a otros niveles.
4. La cultura consiste en unos valores e ideas
Las costumbres son la expresión práctica de una cultura, y revelan los valores e instituciones de la gente –las capas más profundas de la cebolla. En este nivel están incluidas prácticas como el matrimonio, la ley, la educación, los rituales religiosos, la economía y el arte.
En el nivel más profundo de cualquier cultura se encuentra un conjunto de ideas básicas compartidas por la comunidad que globalmente son esenciales para su manera de vivir. A estas ideas básicas se las denomina frecuentemente la “cosmovisión” de la gente, y pueden o no ser reconocidas por las propias personas. Casi siempre estas ideas son tan “obvias” que nadie en esa sociedad concebiría nunca ponerlas en duda.
Por ejemplo, la cultura occidental nunca considera la posibilidad de que el mundo material no sea más que algo real y tangible. Y así, la gente se pregunta si existe algo más que este mundo material que podemos ver y examinar. Sin embargo, en la filosofía hindú clásica, la realidad suprema es Brahman, y todo lo demás es maya –ilusión. Esto explica por qué un gurú hindú dedica mucho tiempo a la meditación, porque para él el mundo material no es la realidad última. Por el contrario, el occidental centra su atención en el mundo material y tiende a darle prioridad a la tecnología y a los inventos materiales.
Los occidentales gustan de establecer límites ordenados a las ideas y a la vida diaria. La claridad de pensamiento es para nosotros un signo de inteligencia. Esto es fruto de nuestra herencia grecorromana, apuntalada posteriormente por la influencia de racionalistas como Descartes y Locke. Las ideas deben ser precisas, examinadas, analizadas y clasificadas. Por el contrario, los baoules de Costa de Marfil persigue la unidad en lugar del análisis. Desean la cohesión y detestan separar y especificar. Quieren una unidad de la naturaleza entre el hombre y lo sobrenatural.
Durante una clase sobre educación sexual destinada a baoules analfabetos, se explicaron las diferencias fisiológicas entre varones y hembras mediante gráficos y dibujos que mostraban el desarrollo del feto. Todo estaba muy claro, pero al finalizar la sesión la gente se marchó diciendo: “Hemos visto un montón de cosas, pero esa no es la manera en que se tienen los niños; hay algo invisible detrás de todo ello y ahí es donde se encuentra la verdad.”
Es en este nivel en el que las ideas religiosas tienen una gran importancia. El occidental puede tener grandes dificultades con las pruebas de si Dios existe o no, pero la mayoría de las sociedades consideran su existencia como algo obvio que no admite discusión alguna. Muchas sociedades africanas tienen la noción de un dios creador supremo que por alguna razón se ha apartado de ellos. Por lo tanto, el mundo está dominado por dioses y espíritus menores, y es a estos seres a quienes se deben ofrecer los sacrificios. Se considera que la enfermedad es el resultado de la aflicción de uno de estos seres espirituales que está queriendo dañar a la persona. Las causas físicas no son una explicación aceptable de porqué una persona ha contraído una enfermedad. El médico occidental puede diagnosticar una malaria, por poner un ejemplo, y explicar que ha sido causada por la picadura de un mosquito. Sin embargo, la pregunta que le pueden plantear es: “¿Quién envió el mosquito?” Alguien debe haber querido causar la enfermedad de esa persona.
5. La cultura es algo que se aprende
¿Por qué motivo los ingleses se comportan de una manera, los chinos de otra y los árabes de otra? No todas las características que son compartidas generalmente por una población son culturales. El color típico del cabello o el grupo sanguíneo no son algo cultural, y tampoco lo son los instintos del sueño o la alimentación. La cultura no se traspasa a través de la herencia genética de una generación a otra. Más bien, es el resultado de un proceso de aprendizaje de la generación anterior. Dormir y comer no son acciones culturales en sí mismas porque uno no tiene que aprenderlas, pero cuándo y dónde dormir y cómo y qué comer son actividades que se aprenden.
Así que un bebé chino criado en un ambiente anglófono no sabrá una palabra de chino. Esta puede parecer una deducción lógica, puesto que la lengua se adquiere durante la infancia, pero no nos damos cuenta de la cantidad de otro tipo de factores que se adquieren de manera similar. Esto nos permite distinguir entre lo que es racial y lo que es cultural. Un niño puede considerarse que ha nacido sin cultura, pero rápidamente aprende las formas de hacer las cosas propias de su sociedad. De este modo, incluso antes de que el niño sea lo suficientemente mayor como para juzgar, está siendo condicionado por la sociedad para que hable y actúe de una determinada manera.
Este proceso de acondicionamiento continúa a través de toda nuestra vida. Gradualmente estos patrones se convierten en hábitos de la vida cotidiana que nos permiten predecir el comportamiento de otros y concentrarnos en aspectos más importantes de la vida. Los hábitos y valores que componen la cultura son transmitidos de generación en generación. Un nómada de la semiárida Sahel transmitirá a sus hijos el arte de cuidar el ganado. Les mostrará cómo encontrar buenos pastos y como criar los animales. Un granjero le enseñará a sus hijos el oficio de cultivar las cosechas. El patrimonio cultural de un pueblo se transmite mediante un proceso de aprendizaje y asimilación inconscientes.
Dado que la mayoría de nosotros se cría en el seno de una sola cultura, tenemos la tendencia a ignorar el hecho de que hay otras maneras de vivir. Suponemos que porque se nos ha educado para seguir ciertos modelos de conducta, éstos deben ser los mejores. Un inglés que intente comer con palillos por primera vez puede llegar rápidamente a la conclusión de que es mejor comer con cuchillo y tenedor. ¡Sin embargo, por extraño que parezca, una señora china que coma con cuchillo y tenedor por primera vez llegará a la conclusión de que comer con palillos es mucho mejor! La verdad es que con la práctica, ambas personas desarrollarían una cierta destreza con las diversas herramientas alternativas, pero al principio los ven como algo extraño que no les resulta familiar. Por lo tanto resulta fácil llegar a la conclusión inicial de que la forma que tiene uno de hacer las cosas es mejor que la de otros pueblos. Esta actitud se puede encontrar en todas las sociedades, y es conocida como “etnocentrismo” o, dicho de manera más sencilla, “orgullo cultural”.
No son sólo los europeos los que se sienten orgullosos de su patrimonio – los árabes están orgullosos de su cultura y echan la vista atrás hacia la época en la que el imperio árabe era una gran civilización que se extendía desde España hasta la India. Igualmente los chinos menospreciaban a los marinos europeos y los llamaban “diablos blancos”. El etnocentrismo es un proceso mutuo. Podemos pensar que las costumbres de otros pueblos son rudimentarias, pero puede muy bien darse el caso de que ellos piensen lo mismo de las nuestras.
Un cristiano que trabaja en el extranjero debe ser consciente del prejuicio cultural tan común en todos nosotros. El etnocentrismo tiene un carácter ilusorio que hace que aunque no seamos capaces de notarlo en nosotros mismos, otras personas de una cultura distinta a la nuestra lo encuentren un elemento dominante y a menudo ofensivo. Incluso puede llevar a algunos a argumentar que su manera de hacer las cosas no sólo es la mejor, sino el resultado de que su pueblo es mejor. Esto es un prejuicio racial.
6. La cultura es algo integrado
Un aspecto importante de cualquier cultura que a menudo se pasa por alto es que se trata de un sistema integrado. Un pueblo no únicamente come de una manera, viste de una forma, trabaja de una manera y adora de otro modo sin relación con las demás actividades.
La naturaleza integrada de la cultura se ve claramente en el desarrollo de la comunidad. En 1951 se introdujo un maíz amarillo procedente de Cuba en las tierras bajas del este de Bolivia. Aparentemente tenía muchas ventajas. Crecía bien en el trópico, maduraba más rápidamente, estaba menos expuesto al ataque de los insectos y producía un mayor rendimiento por superficie sembrada. El nuevo maíz parecía ser un excelente medio de mejorar la dieta de la gente, y de hecho ha resultado ser muy popular –pero no por las razones que se esperaban. Su misma dureza, deseable desde el punto de vista del almacenamiento, hace que sea difícil de moler y que la gente no esté dispuesta a tomarse el tiempo y la molestia de transportarlo a las industrias de la ciudad para ser molido allí. Sin embargo sirve para producir un excelente alcohol comercial y su precio es elevado. Así, una aparentemente deseable innovación promovió el alcohol en lugar de una dieta mejorada.
La “unidad” de la cultura tiene que ser entendida especialmente en relación con el testimonio cristiano. No podemos pensar simplemente que podemos reemplazar la religión de un pueblo por el cristianismo sin que esto afecte radicalmente al resto de su cultura. Su religión está entretejida con la cultura en su conjunto, y cualquier cambio tendrá repercusiones de gran alcance. Los antropólogos están en lo cierto cuando dicen que los misioneros han cambiado la cultura de la gente.
El evangelio actuará como “sal” (Mateo 5:13), purificando la cultura de la gente y eliminando lo que está manchado por el pecado. No obstante, debemos confesar, en palabras del Pacto de Lausana, que “con excesiva frecuencia las misiones han exportado junto con el evangelio una cultura extraña, y las iglesias algunas veces han estado presas de esta cultura en lugar de estarlo a las Escrituras.”
Hay un largo camino entre comprender la naturaleza de la cultura y facilitar una respuesta a todos los asuntos que surgen al trabajar en otra sociedad, pero eso nos ayudará en toda una serie de cosas. En primer lugar, nos proporcionará un mayor aprecio de la razón por la que la gente se comporta y piensa como lo hace. Veremos que muchas de sus formas no son tanto extrañas, primitivas o incluso erróneas, sino simplemente distintas de las nuestras. Aprendamos a apreciar, más aún, a disfrutar de esas diferencias. En segundo lugar, nos ayudará a reconocer que nosotros somos el producto de nuestra propia cultura. Será entonces cuando aprenderemos más sobre nosotros mismos y esto nos ayudará a evaluar nuestro propio estilo de vida a la luz de la Biblia.
UN CUADERNO
CON LAS
PRIMERAS IMPRESIONES
Richard Suffern
Richard Suffern se licenció en administración de fincas rurales en la universidad de Reading antes de ejercer su profesión como agrimensor colegiado en su Norfolk natal. Desde 1982 hasta 1986 sirvió en el extranjero con Tear Fund, trabajando como administrador de fincas en Kodich, al noroeste de Kenia, con el pueblo karapokot en un programa de desarrollo dirigido por el Iglesia de la Providencia de Kenia. Tras su regreso a Gran Bretaña emprendió un trabajo social, antes de comenzar su preparación para el ministerio anglicano en el Trinity College de Bristol.
1.     Una vista espectacular y un sol radiante. Diferentes olores, árboles distintos. Casi todo el mundo es de un color diferente.
2.     Vehículos sobrecargados. Baches.
3.     Caos causado por un intento de golpe de estado.
4.     Aun el Tercer Mundo tiene bolsas de desarrollo semejantes a Occidente. Hay más prosperidad de lo que me esperaba.
5.     Al principio, mis colegas de proyecto pensaron que yo resolvería todos los problemas de la noche a la mañana. Entonces tuve que ocuparme de su desilusión.
6.     Uno puede encontrarse con que la descripción del puesto de trabajo difiere de lo que la gente espera de él.
7.     Siempre se encuentra uno con gente que ayuda y perdona (¡al menos al principio!).
8.     Muchas personas sabias no han recibido una educación formal.
9.     Algunos misioneros viven en circunstancias más confortables y agradables de las que tenían en casa.
10.     La gente está dispuesta a hablar animadamente incluso de sus privaciones.
11.     Existe una falta total de servicios médicos modernos en los alrededores.
12.     Llama la atención la curiosidad exagerada de la gente del lugar cuando llega algún hombre blanco nuevo.
13.     Escenas amenazadoras en el lugar donde se ha producido un pequeño accidente de tráfico.
14.     La gente estaba verdaderamente preocupada pensando que yo no debería estar solo.
15.     Era el protagonista de chistes que no entendía.
16.     Setenta y seis picaduras de mosquito en una noche.
17.     Una situación política distinta y no hay más que alabanzas para los líderes políticos en los medios de comunicación.
18.     La decepción de encontrar que el estilo de culto que se sigue en la iglesia es principalmente occidental.
19.     Tener que ser repentinamente aprendiz de todo, incluyendo la mecanografía.
20.     La capacidad de la gente de contentarse con poco.
21.     El nacional culto piensa de una manera muy parecida a nosotros en muchos asuntos.
22.     Se necesita estar preparado para trabajar bajo personas que están académicamente menos cualificadas que uno mismo y estar dispuesto a aprender de cualquiera.
23.     Hay que amar a la gente para aprender bien su lengua.
24.     La mejor hora para evangelizar es al final de una larga jornada de trabajo, cuando a uno le gustaría poner los pies en alto y descansar.
25.     Uno puede pensar que es mejor ser joven que viejo. La gente con la que se trabaja puede opinar justo lo contrario.
26.     La higiene, la puntualidad, la rapidez y la eficacia pueden ser las principales prioridades que uno tenga. Para los colegas nacionales todas estas cosas pueden ocupar un segundo lugar tras los saludos, la hospitalidad y la conversación.
5
CRUZANDO EL UMBRAL
Ruth Batchelor
Ruth Batchelor trabajó durante veinte años en Nigeria y Togo con SUM Fellowship. Además de trabajar en la enseñanza y programas de desarrollo, organizó grupos de escritores entre los padres y los maestros. A partir de estos grupos produjo manuales de educación religiosa para profesores. Ahora mismo está muy involucrada en el trabajo de RURCON en compañía de su marido Peter, ayudando a las familias de agricultores africanos y a las iglesias a afrontar los cambios. Esto la ha llevado a comunidades rurales de dieciséis países africanos, el Caribe y los EE.UU.
A un vagabundo que había viajado y que había tenido que soportar todas de inclemencias del tiempo imaginables se le preguntó qué era lo que más necesitaba. Los que nunca han experimentado la vida de un vagabundo podrían esperar que hubiera mencionado cosas como la comida, ropa impermeable, medicinas, bebida o una cama. Pero lo que respondió fue: “Alguien que me escuche”. A menos que lleguemos a amar, respetar y comprender a la gente, nunca cruzaremos realmente el umbral que nos permita entrar en sus vidas –seremos meros observadores.
Del mismo modo, los proyectos de desarrollo pueden “rascar donde no pica”, porque los que toman las decisiones (incluso aquellos que tienen una gran compasión) normalmente viven fuera del problema inmediato. Así que es fundamental para los obreros que trabajan en el desarrollo que estén muy cerca de la gente del lugar y que comprendan sus necesidades espirituales, físicas y emocionales. Los valores tradicionales de la gente y las lealtades familiares (y nacionales) afectan de una manera esencial sus vidas cotidianas y sus actitudes frente al cambio.
Uno solamente descubre las necesidades de la gente estudiando sus vidas. Sirve de ayuda pasar tiempo viviendo separado de otros extranjeros, en una determinada comunidad, aprendiendo a entender su manera de vivir. Una estancia de seis semanas (o incluso visitas repetidas durante los fines de semana) nos ayudarán a formar buenas relaciones recíprocas e incrementarán enormemente nuestra comprensión. Hay que intentar identificarse con los lugareños en la alimentación y el estilo de vida. Desde luego es un detalle de cortesía hablar de esas visitas en primer lugar con los dirigentes de la iglesia y con la iglesia que vamos a visitar.
Las directrices (ver recuadro más abajo) nos ayudarán inicialmente a tomarle el pulso a la comunidad y a valorar las destrezas y la sabiduría de la gente. Es preciso ampliar su sentido de haber logrado algo y su valor interesándonos y animándoles, en lugar de prometer ayuda que quizás podamos proporcionar. Seamos especialmente cuidadosos en no tratar a la gente como si estuvieran siendo observados y en no anotar respuestas en un cuaderno. Eso se puede hacer más tarde durante ese mismo día. (Tomar notas interrumpe el fluir del pensamiento y de la conversación, y además distorsiona el establecimiento de una relación natural). Hay que intentar aprender de cada persona e ir construyendo un respeto mutuo. En especial hay que escuchar y continuar escuchando.
“¿No exige mucho tiempo todo esto? ¿Es realmente necesario?”, son las preguntas que uno puede plantearse. Esto tendrá que ser respondido de acuerdo con el trabajo que se nos asigne, nuestro temperamento y nuestras circunstancias. Pero incluso quienes están atados a un escritorio, una clase o un hospital, pueden realizar visitas los fines de semana. Un norteamericano amigo mío me dijo: “Después de estar enseñando durante diez años en un instituto de Tanzania, viví seis semanas en una aldea y me horroricé al descubrir cuánto me quedaba aún por aprender. Si hubiera hecho eso al principio, ¡cuántos errores me habría podido ahorrar!”.
CÓMO NOS VEN LOS DEMÁS
La gente del lugar puede considerarnos personas ricas y de éxito. Incluso puede parecerles que estamos viviendo tan pendientes de nuestras posesiones y recursos que no caemos en la cuenta de las crueles realidades de la vida diaria. La mayoría de ellos tendrá solamente un buen conjunto de ropa que ponerse–nosotros tendremos seis o más. Ellos irán andando al mercado o a la iglesia, pero nosotros iremos en coche o en moto. Si estamos enfermos puede que vayamos volando al hospital, pero ¿qué les ocurre a ellos?
Y sin embargo si somos sensibles estos recursos no tienen porqué ser una barrera que se interponga entre nosotros. No es lo que poseemos, sino más bien lo que hacemos con ello, lo que cuenta. Invitemos a un grupito a escuchar nuestras cintas de música o grabemos sus canciones para después reproducirlas. Compartamos nuestra comida y nuestro hogar con estos nuevos amigos durante una celebración especial.
Debemos ser honestos con nuestros problemas. Cuando sentimos morriña o estamos preocupados por la salud de nuestros padres o nuestros hijos, pidámosle a los cristianos que oren por ello. Aprender el idioma puede ayudarnos a hacer amigos, pero
“PUEDES GUARDARTE EL PARAGUAS. LO QUE REALMENTE NECESITO ES ALGUIEN QUE ME ESCUCHE.”
hay que estar preparados para un esfuerzo duro y frustrante. Ivan Illich escribió: “El aprendizaje de un idioma, si se lleva a cabo bien, es una de las pocas ocasiones en las que un adulto puede pasar por una profunda experiencia de pobreza, de debilidad y de dependencia de la buena voluntad de otra persona” (A Celebration of Awareness –Una Celebración de la Conciencia). Mostremos gratitud por la ayuda que nos proporciona la gente y si nos sentimos muy frustrados por nuestra incapacidad, identifiquémonos con alguien que tiene mayores motivos para la frustración.
¿Ha pensado usted alguna vez por qué Jesús pasó treinta años viviendo en Nazaret antes del inicio de su ministerio? ¿Era necesario para él ese tiempo? ¿Es que no podía haberlo acortado? Sin embargo hoy, debido a que él vivió así, sabemos que comprendió perfectamente nuestra vida como humanos. Como siervos de Cristo debemos intentar identificarnos intensamente con la gente como lo hizo él y ser tan accesibles como lo fue él. Necesitamos entrar en sus vidas ordinarias y compartir con ellos las lágrimas y las risas, el fracaso y el éxito, el sufrimiento y la esperanza.
A Ronald Eyres le preguntaron al final de la serie de televisión The Long Search (La Larga Búsqueda) qué cosa le había impactado más sobre las diferentes religiones que había presentado en su espacio. Su respuesta fue: “La infecciosa calidad de las principales creencias religiosas.” Nuestra fe cristiana sólo será infecciosa si tenemos un contacto íntimo con Dios y recibimos su gracia, y también un contacto íntimo con otros para permitir que se “agarren” a esa gracia.
CÓMO DESCUBRIR
LAS ESTRUCTURAS DE UNA COMUNIDAD
Estas sugerencias se dan para ayudarle a hacer amigos y no solamente para que sepamos más del tema. Sea sensible a la hora de hacer preguntas.
Líderes de la comunidad
     ¿Quién toma las decisiones en la comunidad? ¿Quién ejerce la autoridad del gobierno? (Asegúrese de mostrar la cortesía que se espera de usted)
Tareas domésticas
     Fíjese en el equipo que se utiliza para cocinar. ¿Cómo se preparan los alimentos antes de cocinarlos? ¿Qué combustible se usa? Observe el proceso de elaboración de la comida. ¡Cópielo y coma! ¿Qué combinaciones de comida se toman? ¿Se trata de una dieta mixta de cereales, legumbres y raíces? ¿Se utilizan proteínas animales? ¿Cuándo? ¿Qué cambios se producen en la dieta en diferentes temporadas? ¿Come lo mismo toda la familia? ¿Qué fruta está disponible y cuándo? ¿Qué grasa se usa y cómo? ¿Cómo se almacenan los alimentos? ¿Qué problemas surgen? ¿Cómo se conservan los alimentos perecederos? ¿Hay escasez de alimentos en ocasiones? ¿Cuándo?
     ¿Cuál es la fuente de agua? ¿Con qué frecuencia se recoge? ¿A qué distancia? ¿Está disponible durante todo el año? ¿Qué fuentes alternativas existen? (Visite la fuente de agua) ¿Qué ocurre con los excrementos humanos y animales?
     ¿Qué accidentes domésticos se producen? ¿Cómo se tratan? ¿Con qué éxito? ¿Hay luz eléctrica? ¿Calefacción? ¿Qué tipo de cosas debe comprar o pagar en efectivo la familia? ¿Cómo consigue el dinero? ¿En qué lugar seguro lo guarda?
Artes y oficios
     ¿Qué trabajos realizan las mujeres? ¿Cuáles son específicos de los hombres? Si usted es una mujer, aprenda a hilar y a tejer con la ayuda de alguna ama de casa local, o bien intente aventar o hacer cerámica. Si es usted un hombre, pida que le enseñen a techar con paja o a hacer esterillas, o bien únase a una expedición de caza o de pesca en canoa. Estudie el trabajo en la selva, aprenda a hacer trampas, los métodos de pesca, la herrería y las construcciones locales. Pruebe diferentes oficios. Visite a los que fabrican las herramientas y los aperos.
Padres e hijos
     ¿Cómo pasan el día los hombres? ¿Cambia algo durante las estaciones? ¿Qué es lo que más les gusta? ¿De qué hablan los hombres en las conversaciones informales? ¿A qué se dedican las mujeres durante las distintas horas del día? ¿Qué es lo que más les agrada y de qué hablan en los corrillos? ¿Cómo manifiestan su preocupación y apoyo hacia aquellos que tienen problemas?
     ¿Cuáles son los primeros alimentos sólidos que le dan a los bebés? ¿A qué edad los destetan? ¿Qué problemas surgen? ¿Quién se encarga de disciplinar a los niños: al niño de dos años, al menor de seis años, al que tiene entre seis y doce años, al adolescente? ¿Cómo aprenden los niños y de quién? Anote sus juegos y habilidades manuales.
     ¿Qué tipo de comportamiento fomentan especialmente los padres y cuál desaconsejan? ¿Cuál es la conducta educada? ¿Qué se considera una descortesía? ¿Cómo varía esto en relación con los ancianos, los de la misma edad y los más pequeños? ¿Qué debe aprender usted personalmente de todo esto?
Celebraciones
     ¿Qué fiestas se celebran durante el año? ¿Qué ceremonias tienen lugar? (Antes de plantar, durante la recogida de las primicias, durante la cosecha, al nacer, al celebrarse un matrimonio, al morir, etc.)
Familia extendida
     ¿Quién influye sobre las decisiones familiares acerca de las urgencias, la escolaridad, el matrimonio, los cambios, la enfermedad y su tratamiento, las prácticas de alumbramiento, etc.? ¿A quién acuden los esposos o esposas jóvenes en busca de consejo? ¿Cuáles son los privilegios y las responsabilidades de pertenecer a la familia extensa?
Cómo hacer amigos íntimos
     Lo más probable es que usted se relacione mejor con los jóvenes, los más alegres y los que saben expresarse mejor, y es natural que sea así. Sin embargo, en muchas sociedades sus opiniones no serán tan respetadas como las de la gente mayor. Si no entabla una relación de amistad exclusivamente con un grupo de edad o un sector de la comunidad, entonces se beneficiará del toma y daca de las discusiones, de los razonamientos y del apoyo desde perspectivas muy distintas.
     Nosotros descubrimos que al invitar a la gente a nuestra casa en grupos pequeños, en lugar de individualmente, se mostraban menos tímidos. En algunos casos jugamos juntos a algunos juegos ridículos. En otras ocasiones mantuvimos alguna conversación sobre la Biblia. Ambas cosas ayudaron a derribar las barreras y estoy segura de que aprendimos tanto como el que más de nuestras visitas, la mayoría de las cuales venía regularmente y llegaron a ser nuestros consejeros más próximos.
UN TIEMPO
PARA MADURAR
Eva Pettigrew
Eva Pettigrew obtuvo la licenciatura en textiles del West Surrey College of Art and Design de Farnham, Surrey. Posteriormente dirigió un taller de confección en su ciudad natal de Arundel, Sussex, donde enseñó a tiempo parcial en la Politécnica de Portsmouth. Desde 1978 hasta 1985 sirvió en el extranjero con Tear Fund en Bangladesh, trabajando con HEED Handicrafts en Dinajpur, siendo consultora de tejidos y otras cuestiones artesanales. Desde que regresó a Gran Bretaña se ha casado y ahora está trabajando como parte del equipo consultor de In Contact Ministries en la comunidad multirracial del Este de Londres.
Mis primeras experiencias en el extranjero fueron de entusiasmo, humildad y humillación. Me sentí como si de repente me hubiera vuelto tan nueva y vulnerable como un bebé. Ni siquiera podía comunicarme en el nivel más básico. Tenía que aprender cómo comer, cómo comportarme, qué ropa llevar. Y al igual que un bebé, todas estas nuevas experiencias me cansaron mucho, especialmente tener que aprender el idioma, y me encontré con que no podía sobrellevarlo tan bien como me esperaba.
Vine para servir y me encontré con que estaba siendo servida literalmente por criados. ¡Estaba viviendo con un “lujo” que no había conocido en el Reino Unido! Se me hizo muy duro aceptar esto, incluso después de darme cuenta que había buenas razones para ello y que había una gran cantidad de desventajas que compensaban las ventajas. Por ejemplo, tener criados era a menudo más una carga y una responsabilidad que una ayuda, puesto que tenía que ocuparme no sólo de los trabajadores, sino de su familia al completo y sus problemas.
Nunca pude resolver realmente la tensión existente entre lo que necesitaba de verdad para permitirme funcionar con sensatez y de forma sana, y cuál era la mejor manera de “identificarme” con la cultura y con la gente. Se daba esta extraña dicotomía entre mi posición como una humilde sierva enviada por Dios y mi elevada posición como extranjera “experta”. Aunque me disgustaba que los nacionales me pusieran sobre un pedestal, existía el constante peligro de que pudiera aceptarlo e incluso esperarlo.
Después de muchas decepciones, la desilusión (algunas veces contagiada de forma prematura por otras personas) y el cinismo hicieron su aparición. De la sensación de impotencia y de sentir la necesidad de aprender de los nacionales fui pasando a la involuntaria convicción de que eran unos ineptos y que no se podía confiar en ellos. Era como el adolescente que cree que sabe más que nadie y que sin embargo bajo la superficie sigue siendo inexperto e inseguro. Creo que algunos extranjeros incluso llegaron como “adolescentes” y no sé muy bien cuántos se quedaron el tiempo suficiente como para que sus actitudes maduraran. Afrontar estos asuntos puede ser tan doloroso como el crecimiento.
A pesar de haber sido enviada como una maravillosa y valiente “misionera” todavía podía sentir mi propia fragilidad. Esperaba unirme a un equipo de gente verdaderamente espiritual y entregada entre la que yo sería la novata. De alguna manera me sentí aliviada al encontrarme gente joven con un sentido del humor altamente desarrollado y que tenían los pies en el suelo. Pero por otro lado me sentía continuamente decepcionada de ver que todos teníamos los pies de barro. Había caído en la trampa de hacer con los demás (subirlos a un pedestal) lo que no deseaba que los demás hubieran hecho conmigo. Me di cuenta que adaptarme a la cultura del país era en cierto sentido más fácil, quizás porque era un requisito ya conocido de antemano, que adaptarme a las diferencias culturales entre los propios extranjeros que estábamos allí. La sima entre los europeos y los norteamericanos era especialmente obvia, y dio lugar a la necesidad de aprender a perdonar y a no llevar la cuenta de las cosas.
Una vez inmersa en el trabajo vi que iba con risas de un lado para otro y que estaba tan ocupada como los demás. Me llevó un poco de tiempo darme cuenta de que esto se debía más al deseo de “lograr algo” o de justificar mi presencia allí que al ministerio hacia aquellos a los que había venido a servir. Nuestro estilo de vida occidental pone tanto énfasis en el “hacer” que podemos perder por completo de vista el “ser” y llegar a un punto en el que estamos demasiado ocupados (y demasiado cansados) para pasar tiempo con la gente. Tuve que hacer un esfuerzo consciente y continuo para apartar un tiempo para relajarme con los demás y conmigo misma (sin sentirme culpable). El cansancio, la enfermedad y el clima afectaron de manera importante mis estados de ánimo y mi motivación. Reconocerlo y afrontarlo fue sorprendentemente duro. El orgullo nos dice que sigamos adelante, y espiritualizarlo todo en exceso nos hace sentirnos culpables por nuestras debilidades.
Aceptar nuestras limitaciones, adaptarnos de acuerdo con nuestra capacidad física, sin importar lo que otros puedan hacer, requiere madurez. Como siempre, el tiempo a solas con Dios es la primera cosa de la que se prescinde en lugar de la última. Entendí lo sumamente importante que era tener a alguien con quien poder hablar libremente.
En una u otra etapa me quedaba sin la mayoría de mis ilusiones y apoyos. Con frecuencia era una experiencia dura. Había ocasiones en las que la única cosa que me mantenía en pie era la seguridad de que Dios me había llamado allí y que por lo tanto estaba en el lugar correcto. Quizás por primera vez me acepté a mí misma, quién era, los dones que tenía, y eso me produjo una profunda paz.
Durante mi segundo período en el extranjero, cuando quizá debería haber estado viendo los beneficios de la experiencia y la madurez, en un momento dado me sentí desbordada por una depresión. Esto no se debió a mis circunstancias personales, sino a la propia experiencia que estaba ganando. El entusiasmo inicial había decaído, y al tener una imagen más completa del país, de su gente y de sus problemas, sentí que no había esperanzas para todo aquello. A medida que reconocía cada vez más las malas actitudes que había en mí, sentía una creciente incapacidad para ayudar en nada. Lo que más me ayudó fue darme cuenta de mi posición “en Cristo”, y fue así como siendo consciente de ello volvió la esperanza para mí y para los demás.
Descubrí que normalmente hay buenas razones por las que los nacionales se comportan de una determinada manera. En lugar de pensar que usted sabe hacerlo mejor, o tacharlos de tener un mal carácter, pregúnteles su opinión, escúchelos, intente establecer porqué hacen las cosas de la forma en que las hacen. Evite los favoritismos. Puede ser autogratificante pensar que tiene un amigo íntimo del país – ¡eso prueba que realmente se está integrando, que está siendo aceptado y teniendo éxito! Pero puede llevar a la estrechez de miras y provocar que el nacional esté aislado de sus compañeros de trabajo.

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