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sábado, 4 de agosto de 2012

¿Sobreviviré? ¿Cómo me las arreglaré?: un síntoma de mayordomía responsable


CÓMO CUIDAR
DE SU SALUD
Verónica Moss
Verónica Moss creció como hija de misioneros en la India. Vino al Reino Unido para terminar el bachillerato y estudiar medicina en el Royal Free Hospital. En 1975 se marchó a la India para establecer un programa de salud comunitaria para el hospital de una misión. Regresó a Gran Bretaña y desde 1976 hasta 1986 ejerció como médico generalista. Durante este tiempo Veronica trabajó como consultora médica de la Church Missionary Society. En 1986 fue nombrada directora médica del Mildmay Mission Hospital, donde ha instituido el Missionary and Volunteers Health Service.
Las historias espectaculares que se cuentan acerca de enfermedades tropicales o virus horribles y fieras salvajes pueden resultar un tanto aterradoras cuando uno piensa en trabajar en el extranjero. Uno comienza a preguntarse con cierta ansiedad: “¿Sobreviviré? ¿Cómo me las arreglaré?”
Muchas personas pueden dar fe de que es perfectamente posible disfrutar de una vida saludable en el extranjero, siempre y cuando se preparen un poco las cosas y se sepa cómo actuar ante determinados riesgos para la salud que pueden evitarse. Por supuesto que cuando se viaja o se vive en zonas tropicales o subtropicales uno tiene que enfrentarse a ciertos riesgos inevitables. Aceptarlos forma parte de la aceptación de la llamada de Dios para servirle en tales circunstancias. Aun así, tomar medidas para mantener su salud hasta donde sea posible es un síntoma de mayordomía responsable que le ayudará a asegurarse de que continúa siendo efectivo en el servicio al Señor y a la gente a la que le ha enviado. Mostrarse descuidado ante riesgos que resultan evitables, tal vez incluso bajo el pretexto de “confiar en la protección de Dios”, no es una conducta que pueda considerarse responsable, a menos que haya alguna razón inusual para tomar ese riesgo de manera deliberada.
PREPÁRESE CON SUFICIENTE ANTELACIÓN
Si es posible, comience a planificar el viaje entre 3 y 6 meses antes. Escriba una lista que le ayude a comprobar de vez en cuando que ha realizado, o al menos ha pensado hacer, la mayor parte de las cosas que se enumeran a continuación antes de viajar.
     Vacunaciones
     Planifique usted mismo el calendario con ayuda de algún libro de consulta o pida consejo a algún experto en materia de salud y viajes. Para más detalles vea el recuadro aparte.
     Medicación contra la malaria (paludismo)
     Infórmese si la necesita y asegúrese de que cuenta con suficiente medicación para al menos los 2 o 3 primeros meses. Recuerde que puede picarle un mosquito portador de la malaria en algún aeropuerto de tránsito aunque no necesite tomar medicamentos contra la malaria en su destino final. La malaria la produce un organismo microscópico llamado plasmodio. Existen cuatro variedades que van pasando de un cuerpo a otro mediante la picadura de la hembra del mosquito anofeles. La malaria es un problema continuo y creciente en los países tropicales y subtropicales. Una de esas cuatro variedades puede causar una enfermedad grave o incluso la muerte, mientras que las otras tres variedades no son tan graves. El tipo de malaria más peligroso, denominado plasmodium falciparum, desgraciadamente tiene la capacidad de convertirse en resistente a los medicamentos contra la malaria, especialmente si éstos se han tomado de forma intermitente o en dosis inadecuadas. Por este motivo resulta importante tomar el medicamento correcto contra la malaria de la zona a la que vayamos y hacerlo en las dosis adecuadas. Inevitablemente el consejo que reciba sobre qué medicación tomar contra la malaria variará debido a los patrones cambiantes de resistencia. Así pues, puede que en ocasiones el consejo parezca confuso, pero el motivo es que los virus son tan listos que siempre van un paso por delante de nosotros. Un buen centro de viajes y vacunación podrá aconsejarle.
     Revisión odontológica
     A veces se hace difícil encontrar buenos dentistas en el extranjero, ¡y además pueden resultar caros!
     Revisión ocular
     ¿Necesita usted gafas de sol? Asegúrese de que cuenta con unas gafas de repuesto para las que usa habitualmente. Si utiliza lentes de contacto, compruebe que tiene un juego de repuesto y suficiente líquido limpiador.
     Botiquìn de primeros auxilios
     Prepárese el suyo. Vea el recuadro correspondiente.
     Medicamentos que toma habitualmente.
     Cerciórese de que dispone de la suficiente cantidad de pastillas y cremas que toma de forma regular o de cuando en cuando. Si cree que tal vez cuando se le acabe no va a poder obtener más cantidad en el país al que se dirige, haga los arreglos oportunos para que se las envíen desde casa.
     Dieta y nutrición
     En muchos lugares del mundo la carne es todo un lujo y puede que la mayoría de las veces no se encuentre a la venta. Por lo tanto, vale la pena dedicar algo de tiempo al aprendizaje de la cocina vegetariana, y especialmente a cómo preparar comidas que sean equilibradas y proporcionen todas las proteìnas que necesita. ¡Compre algunos buenos libros sobre cocina vegetariana para llevárselos con usted y recurrir a ellos cuando se le acaben las ideas sobre cómo presentar los mismos chìcharos de siempre de forma más atractiva!
     Relaciones familiares
     Son singularmente importantes en los meses anteriores a la partida. Asegúrese de que haya una buena comunicación, en la medida de lo posible, acerca de situaciones de emergencia y otros asuntos de especial preocupación. Si sus padres son mayores, no olvide tratar el tema de cómo afrontará la familia la enfermedad o la muerte repentinas.
     Manejo del estrés
     Piense bien en cómo va a soportar la soledad, el choque cultural y otros tipos de estrés. Establezca una “cuerda de salvamento” con alguna persona de su confianza, a quien pueda escribirle y con quien poder desahogarse. Familiarícese con las cosas que le ayudan a relajarse, a aliviar la tensión y a reponer fuerzas –y lleve consigo un número suficiente de libros, música u otras ayudas para este fin. Lea también los capítulos 6 y 15 sobre el choque cultural y la depresión.
     Libros de consulta. Resulta útil llevarse algunos libros de consulta, por ejemplo alguna guía de la salud y qué hacer en caso de enfermedad, buenos libros de cocina (especialmente vegetariana), guías de pájaros, plantas y animales (¡incluidas las serpientes!) y consejos sobre cómo administrar el estrés.
LLÉVESE ALGUNOS LIBROS DE CONSULTA
LLEGAR HASTA ALLÍ PUEDE SER DIVERTIDO
Existen muchas maneras de prepararse para que el viaje resulte más placentero y para asegurarse de que llega a su destino de una pieza. Ahí van algunos consejos para el vuelo, que es actualmente la manera más habitual de desplazamiento para los viajes internacionales.
     Recuerde el desfase horario
     Cuando planifique su viaje intente colocar un período de al menos 24 horas para recuperarse antes de lanzarse a desarrollar mucha actividad.
     Tenga cuidado con la deshidratación
     Ingiera muchas bebidas sin alcohol (el alcohol deshidrata). Asegúrese de que sus hijos disponen continuamente de agua y refrescos.
     Mareos
     Si se marea, tome una pastilla (por ejemplo Biodramina o Torecán) una hora o así antes de comenzar el viaje.
     Tapón en los oìdos
     Se puede contrarrestar chupando caramelos o pastillas de menta. Estos mismos sirven también como descongestionantes si tiene tendencia a experimentar un dolor agudo de oído durante el despegue y el aterrizaje. Ello es debido a los problemas para igualar la presión dentro y fuera del oído.
     Pies hinchados. Esto, o el sentirse abotagado, son sensaciones muy frecuentes. Lleve zapatos anchos y ropa amplia.
CÓMO ACOSTUMBRARSE A LAS NUEVAS CONDICIONES
Durante las primeras semanas tendrá que acostumbrarse al clima, el agua, la comida, las costumbres, la gente y demás. Es probable que inicialmente los tres primeros causen algunos problemas de salud.
1. El clima
El sol intenso puede llegar a quemar, así que para empezar necesitará una loción bronceadora con un factor de protección alto, una gorra y unas gafas de sol. No intente ponerse moreno demasiado rápido. Comience despacio, tomando el sol en sesiones de entre 10 y 15 minutos, y aumente gradualmente el tiempo de exposición a medida que se vaya acostumbrando al sol.
Desde luego que el propio calor hace aumentar la transpiración y, consecuentemente, aumenta su necesidad de fluidos y tal vez también de sal. Durante las primeras semanas debería realizar un esfuerzo consciente por beber mucho más de lo habitual. Probablemente la única ración extra de sal que necesite será la que añada a la comida si es necesario. Vista ropa de algodón, que absorbe el sudor y resulta más cómoda que los materiales sintéticos.
2. El agua y la comida
Nunca dé por supuesto que se puede beber el agua hasta que lo haya confirmado cuidadosamente con otros extranjeros que han vivido en la zona durante un tiempo. Hierva siempre el agua para beber o beba únicamente bebidas en lata, té o café. Es posible que las ensaladas y la fruta hayan sido limpiadas con agua contaminada y que con ella se hayan hecho cubitos de hielo. La nata y los helados también pueden resultar peligrosos. Debería evitar el marisco hasta que sepa de dónde procede. ¡Muchas playas son el lugar al que van a parar las aguas residuales locales!
La comida de un nuevo país siempre es interesante, asì que prepárese para probar nuevos platos. Sin embargo, procure no excederse con los experimentos porque su sistema tardará un tiempo en acostumbrarse a una dieta distinta. Puede que al principio padezca de deposiciones blandas, gases o estreñimiento. Generalmente estas cosas van desapareciendo con el tiempo.
3. La diarrea del viajero
Cualquier persona que se traslade al extranjero es susceptible de sufrir diarrea, especialmente los primeros días. Normalmente la diarrea viene de repente, hasta seis veces al día o más, posiblemente acompañada de vómitos y de la sensación de sentirse “exprimido”. Es habitual tener oleadas de dolor estomacal que preceden a la urgencia de tener que ir al aseo. Generalmente dura entre 27 y 36 horas, y se produce como resultado de haber comido o bebido algo que estaba contaminado de alguna manera (por ejemplo por las moscas, por la mano humana o por el agua sin hervir).
El único tratamiento importante es reemplazar los líquidos que se pierden a través del vómito, la diarrea o el sudor. Debería beber un vaso de cualquier líquido, excepto leche o alcohol, cada vez que tiene un episodio de diarrea. Si también tienen vómitos, tome sorbos de bebida constantemente –dos o tres sorbos cada vez, cada cinco minutos.
Si tiene que viajar o asistir a reuniones mientras se encuentra mal, entonces es una buena idea tomar Protector o Fortasec (siguiendo las indicaciones del prospecto). Pero recuerde, eso lo único que hace es taponarle pero no le libra de la infección.
Busque siempre atención médica en caso de que:
     vomite o tenga diarrea continuamente o cada media hora o menos, o
     tenga fiebre, o
     sangre al defecar, o
     la diarrea persista más allá de las 36–48 horas, o
     sufra un dolor agudo y continuo entre los episodios de diarrea.
CÓMO MANTENERSE SANO Y EN FORMA TODO EL TIEMPO
Evitar las infecciones
Existen tres buenas reglas que se pueden seguir para evitar las infecciones en un principio hasta que haya decidido las que resulten más apropiadas para su situación concreta. Una, no beba nunca agua sin hervir. Dos, no ande nunca descalzo –dentro o fuera. Y tres, ¡mire siempre antes de tocar!
Recuerde que filtrar el agua no elimina los virus, aunque sí eliminará los organismos de mayor tamaño. (Los virus causan la hepatitis, por ejemplo.) Al andar descalzo o mojarse los pies en las aguas estancadas o en las riberas de los ríos puede exponerse al anquilostoma (en la mayoría de países tropicales) o a la bilharziosis (especialmente en África Oriental), ¡además de correr el riesgo de que le muerda una serpiente o le pique un escorpión!
Seguir la primera regla le servirá de ayuda, en gran medida, para evitar tener lombrices u otros parásitos. Sacar la mano para tantear algo en la oscuridad o poner el pie dentro del zapato o la bota sin mirar antes cuidadosamente pueden darle una desagradable sorpresa en forma de serpiente u otro tipo de bicho.
Evitar las picaduras
Las picaduras de los mosquitos son un peligro que siempre está presente en la mayor parte de países tropicales y subtropicales por debajo de los 2.000 metros de altitud. Puede evitarlas tomando algunas de estas medidas:
     Utilice mallas contra mosquitos.
     Enchufe algún repelente de mosquitos en su dormitorio.
     Evite los lugares de reproducción, que probablemente estén situados cerca de los lugares con sombra y riachuelos –justamente donde apetece ir de picnic, ¡por supuesto! El alcance del vuelo de un mosquito es de poco más de kilómetro y medio.
     Apréndase los horarios en que suelen picar los mosquitos y manténgase cubierto durante los mismos (esto es, manga larga, faldas largas y pantalones) o utilice un repelente de insectos. Los dos períodos más habituales para las picaduras son al alba, durante una hora y media o dos horas, y después otra vez al atardecer, o desde bien entrada la noche hasta las tres de la madrugada, más o menos.
     Mantenga su lugar de residencia limpio de basura. Las latas vacías, las cáscaras de coco y demás, junto con pequeñas cantidades de agua, son buenos lugares para que se reproduzcan los mosquitos.
     Colocar mallas en puertas y ventanas es caro y no ofrece muchas garantías.
     Las lámparas encendidas hacen que no se acerquen los mosquitos ¡pero atraen a otros insectos!
Seguridad en la carretera
     Mantenimiento: asegúrese de que el vehículo que conduce es revisado de manera regular. Los neumáticos deberían tener la presión adecuada y estar en buenas condiciones, con un dibujo de al menos 1 milímetro de grosor en toda la superficie de la goma y sin cortes ni bultos. Verifique, siempre que se revisan las otras, la rueda de repuesto. Los frenos y las luces deberían comprobarse con frecuencia.
     Cinturones de seguridad: deberían ser utilizados por el conductor y el acompañante del asiento delantero en todos los trayectos, por cortos que sean. Los cinturones deber ir bien sujetos y no incomodar. Los niños deberían viajar en los asientos traseros y usar algún tipo de sujeción. La compañía Mothercare fabrica una cuna portátil para los bebés, un sillín de seguridad para menores de 5 años y un arnés para niños de 5 a 12 años. (Tienen un servicio de venta por correo. En su catálogo se proporcionan todos los detalles). Si no puede conseguir un arnés, un adulto deberìa sentarse detrás con el niño.
     Otros conductores: esté atento a las maniobras imprevisibles de otros conductores. ¡No todos son tan sensatos y seguros conduciendo como usted!
     Carreteras mojadas y embarradas: conduzca lentamente y compruebe sus frenos despuÈs de pasar por el agua.
     Usted: nunca conduzca si se siente cansado o enfermo o si ha bebido alcohol o tomado ciertos medicamentos (por ejemplo sedantes, “curas frías” o antihistamínicos como Ebastel).
     Motociclistas: si utiliza una motocicleta usted y su acompañante deberían llevar puesto el casco, manga larga y pantalones vaqueros como protección.
Vacunaciones
¡Si es posible, planifíquelas con entre 3 y 6 meses de antelación! El Departamento de Salud publica un folleto, que se puede conseguir en las agencias de viajes o en la consulta de su médico de cabecera, en el que aparece una lista con todos los países del mundo y las vacunas que se recomiendan o que resultan fundamentales. También hay guías de autoayuda o centros de viaje o de vacunación que le aconsejarán personalmente. Lo que sigue a continuación es una lista de las vacunaciones generalmente recomendadas para los adultos y que usted deberìa comprobar por usted mismo:
     BCG. Contra la tuberculosis. La prueba de la tuberculina le dirá si la necesita. Una sola dosis protege para toda la vida.
     Rubeola. Contra la rubeola en las mujeres. Una dosis protege para toda la vida.
     Tétanos. Contra el tétanos. Cada 5 a 10 años hace falta una dosis de recuerdo.
     Poliomielitis. Protección contra la “parálisis infantil”. Hay que tomar una dosis de recuerdo cada 5 años.
     Fiebre amarilla. Cada 10 años hay que tomar una dosis de recuerdo.
     Fiebre tifoidea. Dos inyecciones iniciales separadas por un mes. Se necesitan dosis de recuerdo cada 3 años, excepto en las zonas altamente endémicas, donde se pueden aplicar anualmente.
     Cólera. Es suficiente con una dosis inicial y una dosis de recuerdo cada 6 meses. No es muy eficaz, así que hay otras medidas preventivas más importantes.
     Gammaglobulina. Contra la hepatitis A (hepatitis infecciosa) –sólo dura entre 4 y 6 meses y se da en la última semana previa al viaje.
     Hepatitis B. Contra la hepatitis B, una variedad que se transmite mediante la sangre. En la actualidad sólo está recomendada para los médicos, enfermeras y dentistas. ¡Es eficaz y cara!
     Rabia. La vacuna Merieux. Dos inyecciones iniciales separadas por un mes y una dosis de recuerdo entre 6 y 24 meses m∙s tarde. ¡Eficaz y cara!
Botiquín de Primeros Auxilios
Artículos generales
     Surtido de tiritas
     Vendas de crepé –una ancha y una estrecha
     Venda triangular o cabestrillo para el brazo
     Imperdibles
     Tijeras
     Cuchara de 5 ml para medir la toma de medicinas
     Termómetro
     Pinzas para quitar astillas
Cremas y lociones
     Loción bronceadora –con un factor de protección elevado cuando se visita un país caluroso por primera vez
     Loción antiséptica, por ejemplo Betadine o Mercromina y un tubo de crema
     Loción o crema de calamina
     Solución de hamamélide de Virginia para las heridas y torceduras
Medicinas
     Aspirina o paracetamol para los dolores de cabeza, dolores diversos y fiebre.
     Medicinas contra la malaria para el tratamiento de un ataque: Daraprim
     Jarabe para la tos
     Antidiarreicos, por ejemplo Protector o Fortasec
     Pastillas esterilizadoras para la purificación del agua en caso de emergencia
Puede que necesite añadir algunas más para sus necesidades particulares, por ejemplo antiácidos para la indigestión o pastillas para el mareo.
15
CÓMO TRATAR
LA DEPRESIÓN
Marjory Foyle
Tanto si usted sufre habitualmente de “depresión” como si no, no sería extraño que experimentara una en algún momento de su estancia en el extranjero. Muchas personas pasan por rachas en las que se “sienten deprimidos”, una especie de tristeza que es no es más que una respuesta a situaciones que encontramos desagradables. Unos pocos sufren una “enfermedad depresiva”, que presente una serie de síntomas concretos y que puede requerir tratamiento médico. Estos diferentes aspectos de la depresión necesitan enfoques distintos.
SENTIRSE DEPRIMIDO
Existen ciertas cosas que probablemente harán que los obreros extranjeros se sientan deprimidos. La más común de todas es la pérdida. Uno gana mucho cuando se va al extranjero, pero igualmente pierde mucho. Al dejar el hogar se pierde la sensación de seguridad que se deriva del hecho de estar viviendo en una cultura familiar. Durante el estudio del idioma o cuando se empieza un nuevo trabajo uno puede perder la autoestima. Más tarde, la pérdida de colegas de confianza que regresan a casa de permiso o que se retiran, la pérdida de un lugar al que se le ha tomado cariño cuando a uno lo trasladan a otro sitio y la repetida pérdida que se produce cuando los niños se marchan a los internados son aspectos habituales de la vida de quienes viven en el extranjero. Desde luego que no todos se sienten deprimidos en momentos así, pero es natural que otros muchos sí lo hagan.
Para mantenerse saludable y útil usted necesita aprender cómo afrontar estas reacciones. Una forma es a través de los lamentos y las quejas. Tan importante es esto que Freud lo llamó “la obra de la aflicción”, indicando así que había que hacer algo concreto antes de lograr adaptarse. Desgraciadamente los obreros cristianos a menudo piensan que están siendo débiles o poco espirituales si se sienten deprimidos después de una pérdida. He conocido a madres expatriadas que pedían disculpas una y otra vez por llorar cuando sus hijos volvía al internado, como si estuvieran haciendo algo malo.
Las Escrituras nos proporcionan un modelo del papel de “la obra de la aflicción” en el relato de Jesús en el huerto de Getsemaní. Si bien ninguno de nosotros se entristece tanto o por un propósito así, el incidente nos enseña que el lamento puede ser creativo y conseguir aquello que se necesita para capacitarnos para seguir adelante en el servicio a Dios. Jesús había aceptado un cuerpo humano en el momento de la encarnación, y sabía que este cuerpo iba a ser el medio para llevar a cabo la salvación de la humanidad. En el huerto se estaba lamentando parcialmente por la pérdida que iba a experimentar en las próximas horas. Estaba pasando por la aflicción para comprenderla y realizar un nuevo acto de aceptación. Creo que también se estaba lamentando por la pérdida de relación con su Padre que sufriría en la cruz, la pérdida de sus amigos humanos y el dolor de la traición, y la pérdida de la dignidad humana cuando su cuerpo fuese expuesto públicamente de manera humillante.
El Señor experimentó un gran dolor emocional. El Nuevo Testamento Amplificado traduce Mateo 26:37 así: “Comenzó a mostrar pena y angustia mental, y estaba profundamente deprimido”. No se trataba de una enfermedad depresiva, sino de una fuerte emoción humana permitida con el propósito de que se cumpliera totalmente la obra de la aflicción. Entonces fue fortalecido para la tarea que le aguardaba, y al final de su obra de la aflicción fue capaz de levantarse y de decirle a sus discípulos: “¡Levantaos, vamos! He aquí está cerca el que me entrega.” (Mateo 26:46). Por supuesto que no podemos tomar la analogía de la experiencia de Jesús y llevarla demasiado lejos, pero sí nos indica que el lamento es un acto creativo. Así que no hay ninguna necesidad de sentirse avergonzado si siente aflicción después de una pérdida de cualquier tipo. Más bien, déle la bienvenida como una forma de aceptar la situación.
Puede que le sirva de ayuda entender algunas de las etapas normales de la aflicción, de manera que su sentimiento de depresión no sea totalmente desconcertante. Después de producirse alguna pérdida, lo primero que ocurre es que su mente lo niega. Es como si se tratara de unos primeros auxilios emocionales inmediatos. Por ejemplo, si oímos que un colega en quien confiamos y a quien apreciamos se marcha, la primera reacción es: “¡Oh, no! No puede ser cierto.” La segunda reacción es la ira. Nos sentimos defraudados, enfadados porque nuestro colega se ha marchado y nosotros tendremos que enfrentarnos a todo. Esto nos lleva a la tercera etapa, una especie de regateo. Comenzamos a orar, diciendo: “Señor, si tan sólo le permites quedarse aquí yo podré orar más o enseñar en una clase de la Escuela Dominical, etc.” Pero finalmente la situación es aceptada; empezamos a pensar sobre cómo puede reorganizarse el trabajo y establecemos planes concretos para afrontarla. Esto indica que el proceso del lamento está llegando a su fin y que podemos avanzar hacia el siguiente estadio de nuestra vida.
Mientras lamenta alguna pérdida, no se sienta avergonzado por sentirse deprimido o contrariado. Nunca está bien que dejemos que nuestro pesar perturbe la vida de otras personas, pero realmente ayuda mucho poder hablar de ello con un amigo, lamentarse y ser confortado, de modo que podamos continuar con nuestro ministerio. Una expatriada amiga mía tenía que ir a la estación misionera para despedir a la gente como parte de su trabajo. Me decía que nunca podía superar la sensación de depresión que la invadía cada vez que el tren partía, pero que reconocía que era una manera de aceptar su continuo pesar.
También es posible que se sienta deprimido tras padecer ciertas enfermedades. La fiebre de Dengue, la hepatitis y varios tipos de gripe pueden dejar como secuelas una depresión que persiste durante varios días. Otra poderosa causa de depresión es el cansancio producido por el exceso de trabajo o por la falta de cuidado de la persona en su conjunto. Resulta esencial mantener en un modelo de vida bien equilibrado las aficiones y las vacaciones, un tiempo libre regular, la diversidad de intereses y el trabajo duro si no queremos sentirnos deprimidos tan a menudo. Y en la base de todo ello se encuentra una saludable relación espiritual con el Señor a través de la oración, el estudio bíblico y la asistencia a la iglesia. Pero no se preocupe si su espiritualidad parece estar de capa caída de vez en cuando. El Señor comprende perfectamente que estamos sobrecargados y puede ministrarnos mediante unos pocos versículos y una breve oración.
Cuando la carga de trabajo se hace demasiado pesada para nosotros frecuentemente la mente recurre a un truco llamado negación para ayudarnos a sobrellevarla. Sencillamente la mente borra la realidad de la carga y sus amplias repercusiones, de manera que podemos centrarnos en el momento presente. Muchos obreros en zonas de hambrunas utilizan esta treta inconscientemente. Piensan solamente en el bebé que están intentando salvar en ese momento, no en los millones que hay detrás del bebé. Este mecanismo es uno de los dones de Dios que le permite salir adelante a los obreros en apuros, pero no debería abusarse de él. Algunas personas permanecen demasiado tiempo en esas áreas de elevado estrés y finalmente la defensa se viene abajo y aparecen síntomas de ansiedad o de enfermedad depresiva. De ahí que resulte fundamental en cualquier situación de agobio de trabajo y de elevado estrés que se establezcan límites en el tiempo de exposición y que se plantee la retirada periódica para descansar como una parte del programa de ayuda.
Las situaciones que nos hacen sentir impotentes porque no tenemos control sobre ellas pueden hacer que la gente se sienta deprimida. Esto es particularmente cierto si cabe esperar pocos resultados positivos del trabajo. Es peor todavía si el trabajo puede realmente llegar a causar daño y no podemos controlar el desenlace. Por ejemplo, algunos programas de ayuda mal organizados son así. Los obreros se dan cuenta de que grandes cantidades de ayuda pueden hacer que la gente se vuelva dependiente y se esfuerzan por hacérselo saber a la agencia que la ha donado. Esto explica porqué es tan importante tener una representación de los obreros en los comités centrales que entienden de las donaciones. Estas políticas ayudan a reducir la depresión gracias al incremento de la participación de los obreros en el control del proyecto.
Qué hacer cuando se sienta deprimido
1.     Acepte que sentirse deprimido es algo normal cuando ha desaparecido algo que era importante para usted. Se trata de un lamento normal y debería ir menguando. Si el dolor emocional todavía está mermando su capacidad para enfrentarse a la vida transcurridas seis semanas, busque consejo médico.
2.     Préstele mucha atención al conjunto de la persona. Aprenda a jugar, a mantener activa su mente, a cuidar su cuerpo y a ocuparse de su espíritu a pesar de las limitaciones de tiempo.
3.     No se preocupe por tener que trabajar en situaciones extremadamente difíciles. La “negación mental” se pondrá en marcha cuando la presión sea grande, circunscribiendo sus intereses a la tarea que tiene entre manos. Pero tenga un programa fijo de descanso, aunque ello signifique dejar a las personas necesitadas y apartarse por un tiempo.
4.     Hable de cualquier sentimiento de impotencia con el líder local y con sus amigos. Si su personalidad reacciona mal ante la eventualidad de tener poco control sobre la situación, considere la posibilidad de solicitar un cambio. Alguien con una personalidad distinta tal vez pueda enfrentarse a ello sin dificultad. Esto no es nada de lo que haya que sentirse avergonzado – ¡lo que a uno cura a otro mata!
ENFERMEDAD DEPRESIVA
La enfermedad llamada depresión puede atacar a una persona y hacer que sea incapaz de enfrentarse a las cosas en plenitud de facultades, o que sea completamente incapaz de hacerlo.
Los trabajadores que sufren depresión necesitan acudir al médico, pero a menudo sus colegas no conocen la clase de síntomas que hacen que la atención médica sea fundamental. Síntomas importantes son la incapacidad de afrontar el trabajo, el aumento o descenso del sueño, la pérdida de apetito, la mala concentración, estar aletargado o anormalmente inquieto y ansioso, llorar demasiado o ser incapaz de llorar incluso cuando sería de esperar que se hiciese. Además de esto, quien la sufre puede tener múltiples sentimientos de culpabilidad sobre cosas sin importancia, sentimientos de no valer para nada, a pesar de la evidencia en contra, y un pérdida de la fe religiosa.
Todo el mundo tiene algunos de estos síntomas de vez en cuando, pero si persisten durante más de tres semanas, o si son muy agudos, hace falta ayuda. Cuando se combinan varios de estos síntomas, debería acudirse a un médico. Nunca habría que ignorar o tratar desde un punto de vista puramente espiritual a la gente que amenaza con suicidarse, sino que también deberían ser vistos por el doctor. En una zona aislada es mejor consultar con el médico demasiado pronto que permanecer demasiado tiempo en aquel lugar remoto.
El tratamiento de las enfermedades depresivas de este tipo comienza con un reconocimiento físico exhaustivo, ya que es importante descartar posibles causas físicas o relacionadas con la medicina. Después se receta la medicación antidepresiva adecuada. La gente se preocupa por tener que tomar esas pastillas, llamándolas drogas y temiendo volverse dependientes. Pero los antidepresivos no provocan dependencia, y de hecho curan la enfermedad.
A medida que la depresión mejora es bueno hablar acerca del estrés personal. Hay que recordar que no todas las depresiones tienen causas completamente psicológicas. Algunas tienen un fuerte componente químico, de ahí el alivio que se obtiene mediante la medicación. Pero los esfuerzos que se realizan por afrontar la enfermedad a menudo son estresantes en sí mismos y esto, junto con la conversación sobre cualquier otra forma de estrés, necesita airearse lo más posible. Un área de especial importancia que hay que considerar es la de las relaciones interpersonales con los colegas, el cónyuge y los niños. Algunas veces hay que prestar atención a las personas que se quedaron en el país de origen. Cualquier cosa que cause una auténtica sensación de culpa necesita ser tratada, pero recuerde que durante el momento álgido de la depresión puede que haya mucha culpa falsa (morbosa) de la que no hay que hablar. Irá desapareciendo a medida que la enfermedad vaya estando bajo control.
Otra clase de depresión es la que afecta a quienes se han sentido inferiores o incapaces durante la mayor parte de sus vidas y no han podido alcanzar todo su potencial por culpa de esos sentimientos. La edición abreviada del Diccionario Oxford define la depresión como la sensación de sentirse “rebajado” y este es un sentimiento común entre quienes sufren este tipo de depresión. En algunos casos la vida de un expatriado es una ayuda para tales personas, ya que les hace sentirse queridos y útiles. No obstante, frecuentemente tienen tantos problemas para adaptarse y para entablar nuevas relaciones que ello puede precipitar la depresión. Estas personas suelen tener dificultades para dormirse y tienden a sentirse ansiosos y deprimidos por las noches, lo cual es distinto de otros tipos de depresión.
Se puede ayudar a quienes sufren esta forma de depresión con unas cuantas cosas sencillas. Generalmente la enfermedad conlleva mucha ira, la cual ha sido dirigida hacia dentro en lugar de ser liberada hacia fuera de una manera saludable. Los siguientes consejos pueden resultar útiles:
     Alivie la depresión inmediata con alguna diversión. Esto puede sonar estúpido, y ciertamente implica tener que hacer un pequeño esfuerzo, pero a menudo vale la pena. Dar un paseo, hacer algún trabajo creativo, algo de carpintería o pintura (¡pintar la casa o sobre un lienzo!), ir al cine o jugar a algo puede ayudar a exteriorizar la ira a través de la actividad. Sentarse y darle vueltas a sus propios fracasos y defectos es lo último que debería hacer.
     Reafirme su confianza en Dios, el cual se deleita en ayudar a aquellos que no tienen más recursos personales que explotar. Recuerde que él está a su lado en el esfuerzo por desarrollar su personalidad y que de verdad le ayudará y aconsejará durante todo el camino.
     Hable con un amigo íntimo sobre las áreas de su vida que necesitan ser reforzadas. No acuda a toda una serie de personas preguntando sobre esta cuestión. Hable solamente con una o dos. Llévele estas cosas a Dios y pida su ayuda.
     Vigile cualquier tipo de emociones negativas permanentes. Se trata de cosas como la ira persistente contra alguien que es importante para usted, los celos, el resentimiento y la amargura continuos y el odio. Desde luego es importante para cualquier persona librarse de estas cosas, pero indudablemente juegan un papel significativo en la gente que constantemente se siente inferior. No piense en estas cosas: en lugar de eso pídale a Dios que le ayude a recordar cualquier cosa importante y espere en él para que se las muestre. La gente que sufre este tipo de depresión no debería sentarse y darle vueltas o husmear en sus mentes intentando encontrar sus emociones negativas. Si son importantes, Dios se las recordará.
     Se ha escrito mucho sobre la importancia de perdonar a quienes le hieren, y esto es especialmente cierto cuando está tratando con emociones negativas. Por ejemplo, estar resentido por las acciones cometidas contra usted por alguna persona durante muchos años puede perjudicar su salud mental y su bienestar.
     Por lo tanto, todo el mundo debería cuidar de librarse de las emociones negativas persistentes, y generalmente perdonar a la otra persona es la mejor manera. Con frecuencia quienes padecen una depresión encuentran este acto muy beneficioso. Normalmente no es necesario planteárselo a la persona en cuestión, e incluso es posible que haya muerto antes de que el asunto se trate. Lo más sabio es realizar un acto de perdón como un asunto entre usted y Dios solos, dejando que él actúe como desee en cualquier otra persona implicada.
16
EL COMPORTAMIENTO
CRISTIANO EN
SITUACIONES DE CRISIS
Peter Cotterell
Cuando regresé de Etiopía por primera vez fui invitado por Tear Fund para hablar a su nuevo personal sobre cómo comportarse en una situación de crisis. Me quedé realmente sorprendido: ¿Por qué preguntarme a mí? Después me senté para meditar sobre algunas de las crisis por las que había pasado durante mis aproximadamente diecinueve años que había estado en Etiopía. La lista era sorprendente: un intento fallido de golpe de estado en 1960 y una repentina evacuación de nuestro hogar. La exitosa y sigilosa revolución de 1972–76. Una serie de revueltas. Dos lapidaciones en las que ciertamente yo era uno de los blancos. Un par de intentos de contrarrevolución. Un secuestro por parte de la guerrilla, en el que mi trabajo consistió en recuperar a la víctima. En una ocasión fue arrestado como espía. Una vez fui denunciado públicamente como agente de la C.I.A. y creo que estuve en la línea de fuego en ocho ocasiones.
Sin embargo, en aquel momento nunca se me ocurrió pensar que esta experiencia era extraña, o que debería huir de ella. Otros misioneros me han contado lo mismo. Así era la vida. Esto es a lo que Dios nos llamó, así que seguimos adelante con ello.
No obstante, echando la vista atrás, sí hubiera deseado que alguien me hubiera enseñado lo que desde entonces yo he ido enseñándole a la gente sobre el comportamiento cristiano en situaciones de crisis en el extranjero.
También sería mi deseo que los diez años que han pasado desde que regresé hubieran hecho que la información no fuera necesaria. Por desgracia, probablemente sea ahora incluso más relevante de lo que era cuando comencé. Así que ahí van algunos consejos sencillos, y espero que también prácticos, sobre cómo comportarse de una manera cristiana en una situación crítica.
CUATRO COSAS DE LAS QUE CUIDARSE
1. Guárdese de posicionarse involuntariamente
En el pasado, las misiones frecuentemente han puesto el nombre de reyes, emperadores y gobernadores a las escuelas, clínicas y hospitales. En un principio eso es muy bonito: una prestigiosa ceremonia de apertura y la garantía de contar con la presencia de las autoridades locales. Tal vez el propio rey realizará la ceremonia de inauguración. Pero no resulta tan bonito cuando el rey es destronado, el gobernador despedido y usted tiene que enfrentarse a la embarazosa tarea de quitar los carteles con el nombre del centro y reconstruir su relación con las nuevas autoridades.
No asista a las recepciones del gobierno innecesariamente. La cortesía a menudo nos exige asistir a algunas ceremonias nacionales: por ejemplo la celebración de la independencia; pero no es prudente asistir a demasiadas, pues al hacerlo estamos tejiendo gradualmente una telaraña de relaciones con el régimen gobernante que puede que sea lo suficientemente fuerte como para atarnos a ellas cuando su credibilidad haya desaparecido.
Tenga cuidado a la hora de acudir a su embajada. Generalmente se espera que nos inscribamos en nuestra embajada cuando lleguemos al nuevo país y que les mantengamos informados sobre nuestro paradero. Después de todo, es responsable de nuestra seguridad. Pero mantenga los contactos al mínimo. El problema surge porque la Agencia Central de Inteligencia norteamericana admitió hace veinte años que como parte de su política reclutaban misioneros como agentes. El Tercer Mundo tomó nota. Pocos años después de admitir este hecho la C.I.A. anunció un cambio en su política: ya no reclutarían misioneros como agentes. El Tercer Mundo no se lo creyó y todavía no se lo cree.
Muchos países guardan un registro sistemático de todo aquel que entra y sale de las principales embajadas: americana, británica, rusa, francesa, alemana. Y si su nombre aparece en esa lista con demasiada frecuencia se puede sacar la conclusión obvia de que usted es un informador.
2. Evite realizar juicios políticos previos
En general, los cristianos suelen estar mal informados políticamente. Perdóneme si usted es una de las excepciones. Algunas veces nuestra ignorancia es casi imperdonable. Cuando el Partido Laborista británico ganó las elecciones generales y regresó al poder, un colega norteamericano vino a mí, evidentemente destrozado, para darme sus condolencias “porque ahora teníamos un gobierno comunista”. Yo estaba perplejo. Le dije que debía haber algún error: ¡ni siquiera habíamos tenido un parlamentario comunista durante casi un cuarto de siglo! Entonces me di cuenta: para él los términos “socialista” y “comunista” eran intercambiables.
De hecho el término “comunista” resulta ahora terriblemente vago. Se aplica precipitadamente a casi cualquier cosa que se opone al capitalismo. Es sabio resistirse a hacer juicios previos precipitados sobre la base de etiquetas que se entienden a medias.
Nosotros amamos la democracia, pero en realidad funciona de una manera un tanto extraña. Tengo un voto, que utilizo responsablemente en cada elección, pero mi área es tan aplastantemente conservadora que mi voto por otro partido simplemente no sirve para nada. La democracia frecuentemente utiliza el eslogan “un hombre, un voto”, pero cualquier persona que haya corrido un poco de mundo sabe muy bien que en muchos lugares “un hombre, un voto” simplemente significa que el gobernador local, el cacique del pueblo o el anciano le dice a todos los demás cómo han de votar.
En Occidente resulta habitual lamentarse de los estados en los que existe un único partido. Pero en muchos lugares del mundo simple y llanamente no se pueden permitir el lujo de pagar a la gente para que se oponga al gobierno. ¿Hay algo más absurdo que hablar sobre “la leal oposición a Su Majestad”? Sinceramente, no encuentro muchas dificultades a la hora de creer que idealmente debería existir un único partido dedicado al bienestar de la nación. O que no hubiera ningún partido en absoluto. ¿Por qué no llegar a la situación en la que cada miembro del parlamento es elegido individualmente para representar a su circunscripción, sin tenerse que preocupar por la interferencia del partido? Qué frustrados nos sentimos muchas veces cuando sabemos muy bien que en la mayoría de los temas nuestro diputado ni siquiera piensa en nuestra opinión: vota lo que le dice el partido.
Pensemos en los regímenes militares. Generalmente se supone que son un desastre. Desde luego pueden serlo, pero sólo la gente que ha estado en una situación en la que nadie parece estar al mando y en la que cualquiera que tenga una pistola manda o cualquiera que dirija una multitud se sale con la suya, puede apreciar la sensación de alivio de tener a los militares al mando: con frecuencia ellos son los únicos capaces de imponer algún tipo de orden.
3. Tenga cuidado con la ceguera bíblica parcial
Por supuesto que nadie conoce la enseñanza de la Biblia en su totalidad. Mi propia experiencia es que cuanto más estudio, más cuenta me doy de lo poco que sé. Pero la mayoría de nosotros tiene áreas de ceguera bíblica, simplemente por el hecho de que nunca hemos escuchado ninguna enseñanza sobre algunos temas. El soborno, por ejemplo. No resulta desconocido en este país y es endémico en algunas partes del mundo, pero a menudo es incomprendido.
En muchos de los países más pobres es práctica común emplear a un hombre con un salario simbólico o incluso sin ningún salario en absoluto: sencillamente tiene el derecho a trabajar. Se espera que los clientes le paguen. Los puestos de aduanas con frecuencia cuentan con gente así. Llevan un uniforme distintivo pero no harán mucho por usted a menos que les pague. Sin su ayuda no podrá pasar su equipaje por la aduana. Ahora bien, eso no es necesariamente un soborno. Puede que no sea más que pagar por servicios prestados. Pero ¿cómo puede usted saberlo?
La Biblia tiene mucho que decir acerca del soborno:
“No tuerzas el derecho; no hagas distinción de personas ni aceptes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos.”
Deuteronomio 16:19
“Hostilizáis al justo, tomáis soborno y hacéis perder su causa a los pobres en el tribunal.”
Amós 5:12
Esta es la verdadera naturaleza del soborno: burla la ley y perjudica al pobre que no puede pagar un soborno. Los etíopes cuentan la historia de una señora pobre que fue a los tribunales y sobornó al juez de antemano dándole una jarra de agua muy grande. Cuando durante el juicio el juez emitió un veredicto en su contra, ella se enfureció.
Ya fuera de los tribunales la señora abordó al juez y desató toda su furia contra él: “¿Qué hay de mi jarra de agua?” Él sonrió con tolerancia y dijo: “¡Un burro que pasaba le dio una coz a su jarra y la rompió!” con lo que quiso decir que su oponente le había sobornado con un burro, un regalo mucho más valioso, con lo cual el de ella era inútil.
Fíjese también en la insistencia de la Biblia sobre el cuidado hacia los que no tienen influencia. La Ley hizo referencia repetidas veces sobre el cuidado de Dios por la viuda y el huérfano. El amor de Dios por todos nosotros, tanto ricos como pobres, se olvida demasiado a menudo. La carta de Santiago es un claro indicador de que ya en el siglo I de nuestra era la gente había empezado a adular al rico y menospreciar al pobre. Está mal, y los cristianos no deberían ser culpables de ello.
4. Procure no apegarse a las cosas
A veces nos ponemos en peligro a nosotros y a los demás innecesariamente por intentar proteger nuestras posesiones. Me acuerdo de una pareja de misioneros cuya casa fue asaltada por unos bandidos. Uno de ellos vio la alianza de oro de la esposa y se la pidió. Ella se echó para atrás y se negó a dársela. El bandolero sacó un cuchillo con la evidente intención de cortarle el dedo con tal de conseguir lo que quería. Su marido intervino a tiempo y ella lo entregó. El anillo no tenía tanto valor en lo referente a su precio. Sentimentalmente, por supuesto, se consideraba irreemplazable.
En cierta ocasión a mi esposa y a mí nos dieron diez minutos para llenar una pequeña maleta y abandonar nuestra casa. Metimos dentro algunas ropas de abrigo, le añadimos nuestras fotos de boda y salimos. Eso fue todo. Fue una buena experiencia descubrir que podía dejar las posesiones atrás y no preocuparme. Procure no apegarse a las cosas. Y si las cosas son valiosas, sepa cuáles son y déjelas atrás en algún sitio seguro, particularmente si espera vivir en una zona donde el clima político es poco estable.
CINCO GRUPOS CON LOS QUE TRABAJAR
Cuando estalla cualquier tipo de revolución, o cuando se produce un secuestro, la situación siempre es complicada para la víctima debido a la maraña de gente y organizaciones que tienen alguna responsabilidad por su seguridad. Al menos se pueden identificar cinco grupos.
1. La organización cristiana para la que trabaja
Esta organización, digamos que es una sociedad misionera, tiene una doble responsabilidad: hacia usted y hacia el resto de su organización y quienes la apoyan. No siempre es fácil para los dirigentes de la misión mantener un equilibrio entre estas dos responsabilidades. Usted mismo puede sentir que preferiría que se le dejara donde está, en una situación potencialmente peligrosa, pero la misión puede percatarse de que permitirle hacer eso podría parecer ante los ojos de quienes la sostienen como una falta de consideración hacia su seguridad. Y es posible que esas personas tengan razón.
2. El gobierno del país en el que vive habitualmente
El gobierno de su país habrá establecido algún tipo de representación diplomática, quizás un embajador o un cónsul, para asegurarse de que usted está atendido. El cónsul querrá saber dónde estará trabajando, qué estará haciendo y tal vez también cómo puede ponerse en contacto con usted en caso de que tenga que hacerlo. Todos estos procedimientos diplomáticos son bastante normales. El gobierno de su país es responsable de su seguridad.
3. El gobierno del país en el que está trabajando
Según las leyes internacionales, el gobierno anfitrión es responsable de la seguridad de todos los ciudadanos extranjeros que viven en su territorio. Así que este gobierno querrá saber dónde va a vivir, qué va a hacer y cómo puede contactar con usted en caso de necesidad. Dado que el gobierno anfitrión es el que tiene la responsabilidad fundamental sobre su seguridad, también tiene más poder que nadie sobre sus movimientos. Las órdenes del gobierno anfitrión deben ser obedecidas.
4. El gobierno revolucionario
Hace veinte años la revolución era un acontecimiento relativamente nuevo y raro. Ahora es algo corriente. Y ahora los gobiernos revolucionarios son conscientes, como no lo eran hace veinte años, de que son responsables de la seguridad de los extranjeros. No quieren comenzar su nuevo mandato con un triste registro de ciudadanos extranjeros asesinados. Por lo tanto, la
tendencia es que los líderes de los movimientos se comporten con los extranjeros de la misma manera que lo hacen los dirigentes del gobierno. Una de las preocupaciones principales será pues su seguridad. Generalmente quieren sacar a los extranjeros de cualquier área en la que se prevé que habrá combates. Una vez más, el extranjero no puede hacer otra cosa que obedecer si se le ordena evacuar la zona.
5. Las autoridades locales
Lo verdaderamente desconcertante de una revolución es que uno vive entre dos mundos: el mundo que está pasando y el mundo que está comenzando a surgir. Un gobierno se va y otro viene, pero uno no se ha marchado y el otro no ha llegado. Todo es un caos. ¿Quién da las órdenes?
En la sigilosa revolución de Etiopía no sabíamos de un día para otro quién estaba al mando. ¿El sindicato de agricultores? ¿Los estudiantes? ¿El ejército? ¿El jefe de policía y sus seguidores armados? ¿El gobernador? ¿El comité del pueblo? En estas circunstancias uno tiene que vivir día a día. Dicho de manera sencilla, ¡aquel que conseguía que se acataran sus órdenes era la autoridad ese día!
CINCO CONFLICTOS POTENCIALES QUE HAY QUE AFRONTAR
Los problemas que plantean toda esta serie de autoridades son muchos. Sin embargo, el problema principal será probablemente que el consejo que reciba de un grupo estará reñido con el consejo que reciba de otro grupo o con la evidencia que pueda constatar con sus propios ojos.
1. El conflicto entre su propio conocimiento de la situación y el consejo que se le da desde el exterior
Concretamente, el consejo o las instrucciones que le da su misión pueden parecerle innecesarios. Por ejemplo, se le dice que salga de ahí en el primer avión. Sin embargo, a su alrededor todo está en calma y no hay ningún signo de disturbios. Uno tiene la tentación de cerrarse en banda y quedarse.
No obstante, los gobiernos han desarrollado un sistema muy importante para transmitir información de manera informal a las organizaciones misioneras. Se trata de la filtración deliberada mediante una llamada telefónica o una citación para acudir al despacho del ministro. “Sería mejor que evacuara a su gente de esa provincia, ya que esperamos una ofensiva en esa dirección en los próximos tres días.”
Se sobreentiende por parte de todos que se actuará sobre la base de la información recibida y que ésta no será divulgada a nadie. Así que cuando se le dan instrucciones de partir, esas instrucciones no van acompañadas de un resumen informativo sobre el que se fundamenta la decisión. No podría ser así. La misión no puede decirle porqué ha decidido sacarle de ahí. Es una gran equivocación que los obreros bienintencionados critiquen las instrucciones que se les facilitan. Sencillamente debemos aprender a entender cómo funciona el sistema y porqué la misión no puede explicar sus decisiones.
2. El conflicto entre su compromiso con la gente local y la orden de marcharse
Esto es más difícil. Especialmente los médicos y las enfermeras pueden sentir que en caso de que haya problemas se les necesitará más que nunca, y posiblemente por eso piensen que simplemente no pueden irse cuando existe la amenaza de que se produzcan disturbios.
     Eso es totalmente correcto. Pero el asunto debería tratarse en primer lugar con la organización y acordar una decisión antes de que se produzca cualquier crisis, de manera que todo el mundo entienda lo que hay que hacer: quedarse y afrontar los posibles peligros o marcharse.
3. El conflicto entre el “factor heroico”, el deseo de “quedar bien”, y la orden de marchar
Este es un tipo de conflicto tan indigno que apenas merecería ser mencionado de si no fuera por el hecho de que es un problema. No tienen ninguna lógica, y el cristiano que abriga tales deseos es simplemente un estorbo para sus superiores.
4. El conflicto entre cuidar de la familia y el deseo de quedarse y ayudar
En 1960 tuvimos que evacuar nuestra casa. Tuvimos tan sólo unos minutos para hacer las maletas y partir. Fue entonces cuando recordé que había unas estudiantes etíopes en el campus. No podía marcharme y abandonarlas. Geraldine y yo nunca habíamos previsto una situación así. Sencillamente le dije que se subiera al Land Rover mientras yo salía a pie con las muchachas. Muy a regañadientes aceptó, pero la experiencia le disgustó profundamente. Justamente cuando más quería quedarse conmigo había sido despedida.
Cuando finalmente volvimos a nuestra vida habitual llegamos a un entendimiento que de nuevo sufrió modificaciones cuando nacieron nuestras dos hijas. Acordamos, y así se lo hicimos saber a la misión, que en caso de que se produjera otra sublevación que hiciera necesario tomar de nuevamente la decisión de evacuar a las mujeres y a los niños, Geraldine estaría dispuesta a partir con ellos y estaría preparada para que yo me quedara atrás si la misión quisiera que así lo hiciera. Puede que sea necesario para usted tomar una decisión de esa naturaleza.
5. El problema que surge como consecuencia de los consejos contradictorios
Uno dice que te vayas y el otro dice que te quedes. Bueno, ahí va un sencillo conjunto de normas. Primero, se ha de obedecer al gobierno del país anfitrión y a la misión. Segundo, puede obedecer al gobierno de su país, pero si usted no obedece las instrucciones de su gobierno, entonces no puede esperar que en el futuro le saque de cualquier apuro en el que se vea metido a causa de su decisión.
De hecho, frecuentemente los obreros cristianos deciden no seguir el consejo de sus gobiernos. Esto no se debe a que seamos especialmente difíciles, sino a que nuestras prioridades son diferentes de las del gobierno. Incluso la muerte no es necesariamente lo peor que pueda ocurrirnos. Es mucho peor la posibilidad de que se vea ensuciado el nombre del cristiano. Así que puede que decidamos quedarnos a pesar de que nuestros gobiernos nos digan que nos marchemos, y después aceptamos las consecuencias.
EL PAPEL DE LA IGLESIA EN LAS DECISIONES IMPORTANTES
Si hay una iglesia en la zona en la que vive, desde luego que querrá consultar con los creyentes y tratar la situación con los líderes.
Si los conoce bastante bien y ellos confían suficientemente en usted, su consejo será muy franco y tendrá un valor inestimable. Si no los conoce muy bien, entonces puede que se encuentre con que son remisos a darle ningún tipo de consejo, tal vez por temor a ofenderle.
El hecho es que en algunas situaciones, por ejemplo en el caso de producirse un golpe de estado marxista, puede que sea perjudicial para la iglesia que tenga relación con misioneros occidentales, y tal vez sea mejor para ellos si usted se marcha. Pero decir eso podría provocar malentendidos y verdaderas heridas, de modo que los dirigentes de la iglesia puede que se muestren reacios a sugerirle que se vaya.
Resulta fundamental recordar que aunque tenemos la opción de marcharnos o quedarnos, los creyentes locales no tienen esa elección. Después de que nos hayamos marchado ellos todavía estarán ahí. Así que debemos evitar hacer cualquier cosa que les pueda causar bochorno más tarde.
Si se hace necesario partir, tal vez a instancias de las nuevas autoridades, márchese de una manera cristiana. A un grupo de misioneros les sentó muy mal que les dieran la orden de salir. En lugar de callar y obedecer confeccionaron una bandera y un mástil bastante impresionante, se colocaron en formación militar y desfilaron en actitud desafiante. Una vez que las cosas se calmaron no se les permitió volver.
Marcharse insolentemente no es una manera cristiana de hacerlo. Yo sugeriría que siempre que sea posible los cristianos a los que se les ordena salir deberían celebrar como último acto una oración pública. De rodillas si está permitido, y si es posible en voz alta. Resulta verdaderamente apropiado que en momentos tan cruciales como esos los cristianos hablen con su Padre.
MANTENGA ABIERTOS LOS CANALES DE COMUNICACIÓN
No hay manera de predecir cuándo estallará una crisis política en el país en el que está trabajando. Así que es importante asegurarse de que en la medida de lo posible la organización sabe dónde se encuentra usted y tiene algún medio de ponerse en contacto con usted. También es importante saber qué se espera que haga en caso de disturbios. Cuando se produce la crisis generalmente es demasiado tarde para comenzar a plantear tales preguntas. Así pues, entérese a tiempo.
El consejo que suele darse más a menudo es: en caso de problemas manténgase al margen. Siempre existe la tentación de poner rumbo a la capital o de intentar reunirse con el marido, la mujer o los niños. Cuando se está produciendo la crisis es precisamente el peor momento para que los extranjeros estén en la carretera. Es mucho mejor demorar la reunión familiar que verse envuelto en un tiroteo y no reunirse nunca más a este lado de la eternidad.
Pero es importante mantenerse en contacto, incluso si no es seguro viajar. Utilice los medios de comunicación que estén disponibles, pero hágalo con cuidado. Por ejemplo, si usa el teléfono, recuerde que es probable que su conversación sea escuchada. En algunos lugares, especialmente allí donde trabaja la Missionary Aviation Fellowship, puede que tenga acceso a un aparato emisor y receptor. Recuerde una vez más que cualquier cosa que diga por la radio será recogida casi con toda seguridad por otras personas. Así que asegúrese de que lo que diga no va a causarle problemas a usted o a su organización.
De manera muy especial, no debería transmitirse información militarmente relevante por ningún medio y bajo ninguna circunstancia. El hecho de que un escuadrón de tanques acaba de entrar en el pueblo es tremendamente emocionante, pero eso forma parte del servicio militar de inteligencia. Transmitir esa información por teléfono, radio o carta es suficiente para hacerle objeto de arresto por espionaje.
Es bastante habitual que los gobiernos extranjeros emitan instrucciones y consejos por radio para sus propios ciudadanos. Por lo tanto, resulta muy útil disponer de un receptor de radio suficientemente potente como para recibir Voice of America (La Voz de América) y la BBC World Service (Servicio Mundial de la BBC). Su radio debería poder funcionar a pilas, ya que a menudo durante las crisis se corta el suministro eléctrico, pero ser lo suficientemente fina como para sintonizar estas dos importantes emisoras sin tener que levantar ningún tipo de complicada antena exterior. La recepción en la mayoría de los aparatos de radio mejora sensiblemente mediante el uso de una larga antena exterior, pero al ver esa antena la gente podría tener la impresión de que dispone de un aparato emisor y receptor y de que es usted algún tipo de agente imperialista.
TENGA CUIDADO CON LA PUBLICIDAD
Hay que tener sumo cuidado con la publicidad. Como representantes de la iglesia cristiana y obreros de una organización determinada, recae en nosotros gran responsabilidad. Una mala publicidad puede causar problemas indecibles para nosotros mismos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra organización y para la iglesia. Siempre deberían tomarse las precauciones debidas cuando se escriben cartas o circulares de oración. ¡Es tan fácil que una carta privada sea copiada en el boletín de una iglesia y que de ahí sea recogida por un periódico local y luego aparezca en un diario de tirada nacional o incluso llegue hasta la radio o la televisión! Y ahí es donde surgen los problemas.
Por descontado que tener tanto cuidado nos hará experimentar una cierta frustración por no poder compartir con nuestros amigos cómo es la verdadera situación. Eso es algo que, por amor a todos los implicados, debemos aprender a aceptar.
Después de que los italianos ocuparan Etiopía comenzaron a desplazar a los misioneros. Uno de ellos apeló al cónsul británico, quien llevó el caso ante las autoridades italianas en Addis Abeba. Allí se entrevistó con un oficial italiano. Estaban uno frente al otro, separados por una gran mesa de despacho. El italiano abrió un cajón y sacó un archivo. De ahí extrajo una carta de oración, de la que leyó un párrafo o dos. El misionero no se había andado con rodeos. Su oposición a la ocupación italiana estaba muy clara. Más tarde el cónsul comentó: “¿Qué podía decir? Ningún gobierno permitiría que un extranjero que había escrito tales cosas se quedara”.
Parece ser que en ese archivo había una copia de cada carta de oración que ese misionero había escrito, junto a otras muchas cosas más. ¡Y eso fue en 1937! Hoy día la mayoría de gobiernos está suscrito a alguna agencia de recortes de prensa y hay muy poco de lo que se publica sobre sus respectivos países de lo que no se enteren.
Si se ve implicado en una revolución y tiene que salir de allí de una manera más o menos espectacular, cabe esperar que se encuentre en el aeropuerto con periodistas que le pregunten por su historia, o que más tarde le llamen por teléfono, y que tal vez le pidan una entrevista. Puede que incluso le ofrezcan una sustanciosa cantidad a cambio de una exclusiva. No debería conceder ninguna entrevista sin la completa aprobación de su organización, y sería prudente asegurarse de que algún oficial de su organización le acompaña cuando le hagan la entrevista. Piense también en las preguntas que puedan hacerle y prepare con antelación respuestas claras y sencillas.
Las entrevistas nunca se publican en su totalidad. Los vídeos y las películas se editan, ¡y puede muy bien ser que el resultado del proceso de edición le deje asombrado! Tampoco debería dejarse persuadir por quienes le aseguran que no se publicará nada sin que usted tenga antes la oportunidad de verlo y de dar su aprobación. Eso ocurrirá con poca frecuencia, simplemente porque las noticias son noticia hoy y mañana están en la papelera. Sencillamente no hay tiempo de entrevistarle, escribir un artículo, entregárselo para que lo usted lo apruebe y poder tenerlo todavía en manos del editor para la edición de mañana.
Una cosa más para terminar. Si tiene la oportunidad de hablar en público sobre su trabajo, trate de imaginar que en la sala de conferencias en la que está usted hablando hay una veintena de personas, entre amigos y críticos, del país en el que usted ha estado. Esto evitará esa espantosa clase de discurso condescendiente que deja al misionero “en buen lugar” y a la gente “con una gran necesidad de oración”.

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